23 de diciembre

El signo de los tiempos

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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La obligación de llevar la mascarilla en la calle, decretada hoy por el Gobierno tras la conferencia de presidentes de comunidades autónomas, no deja de ser un parche en la batalla contra la pandemia, una apariencia de "cogobernanza" que no deja satisfecho a nadie. En el fondo, lo que se dirime en la sociedad es la resistencia de una parte de la población a aceptar el cambio sustancial en las costumbres sociales que está provocando el Covid-19. Puede que llegue el día, y ojalá esté cercano, en que desaparezca la amenaza de nuevos brotes y nuevas variantes de la enfermedad. Pero la enseñanza que nos dejan las sucesivas oleadas de la pandemia, al margen de desconocer todavía sus auténticos orígenes, es la fragilidad de la condición humana y la necesidad de adoptar nuevos comportamientos en la vida diaria.

Se trata de vivir con un cuidado exquisito por los demás. en el ámbito personal, familiar y social, lo que, en palabras del Papa Francisco, supone aprovechar la oportunidad de transformar las estructuras que producen la injusta pobreza. A este respecto, el superior de la Compañía de Jesús, Arturo Sosa, ha dicho que el coronavirus plantea el reto de renovar la vida y de aceptar el cambio como una gracia para hacernos más solidarios, y más capaces de amar, más allá de los avatares políticos. A eso nos orienta el signo de amor y de esperanza que el Nacimiento de Jesús ha introducido en la historia.