Madrid - Publicado el - Actualizado
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Levantadas todas las incógnitas sobre el resultado de la votación de investidura de Mariano Rajoy, solo queda por dilucidar qué alternativa al “no” se guarda el líder socialista, Pedro Sánchez, para evitar la repetición de las elecciones. Recordemos que, en el anterior debate del pasado marzo, cuando Sánchez fracasó en su intento de ser investido con solo131 escaños a su favor, lo que se frustró en realidad, fue su intento de atraerse a Podemos a su aventura de gobernar desde el “progreso”, en oposición al supuesto conservadurismo del Partido Popular. Ahora, con menos escaños y menos posibilidades, el propio Pablo Iglesias vuelve a abrir la posibilidad de que, ya sin el pacto del PSOE con Ciudadanos, el líder socialista intente formalizar su viejo sueño de un acuerdo con Podemos, Izquierda Unida y todos los partidos separatistas. Por problemática que sea, esa es, en realidad, la única alternativa, una vez que una parte mayoritaria de la Cámara, ha dejado bien claro cuál es su verdadero rostro, que no es otro de rechazo del PP y de sus millones de votantes. El líder del populismo, y candidato a respaldar a Sánchez en busca del “progreso”, ha tenido la humorada anacrónica de convertir a los votantes en “buenos” y malos”, según el color de la papeleta colocada en la urna. Con toda la carga de su ironía, Rajoy ha puesto de manifiesto el maniqueísmo de la llamada “nueva política”, que disfraza sus odios con la pantalla de querer lo mejor para los más necesitados. En todo caso las cartas están echadas. Y la disyuntiva es evidente: o alternativa social-comunista-separatista o nuevas elecciones.