Otra vez Lampedusa
El Sea Watch sigue bloqueado en Lampedusa y exige desembarcar a los migrantes
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que respalda la decisión italiana de cerrar sus puertos a los barcos que llevan inmigrantes ilegales, pone de manifiesto la inconsistencia de la política europea ante la continua llegada de refugiados. La sentencia rechaza un recurso de la ONG holandesa Sea Watch contra la decisión italiana y coincide con la llegada a la isla de Lampedusa de una embarcación con 42 personas recogidas en el mar, en peligro de perecer ahogados. Hace ya cuatro largos años que comenzó la oleada de refugiados que escapaban de la guerra en Siria. Entonces el Papa no dudó en acudir a Lampedusa para mostrar su apoyo a los que buscaban refugio en Europa.
La contradictoria reacción de parte de las sociedades europeas tuvo como consecuencia la emergencia de nuevos partidos populistas contrarios a la acogida de refugiados. A la oleada de inmigrantes han sucedido otras oleadas: la de los traficantes humanos que se lucran con la tragedia y la de la demagogia populista que criminaliza la inmigración y la señala como una amenaza para la identidad europea. A las autoridades europeas les ha faltado temple y altura de miras para afrontar un problema que puede poner en cuestión la propia naturaleza de la Unión. Todavía se echa en falta una política clara ante los dramas generados por el hambre, las guerras y las amenazas yihadistas que alimentan las mafias de traficantes humanos. Sobre todo, falta una regulación humanitaria y coherente de la acogida, formación e integración de estos seres humanos que llaman a nuestras puertas esencialmente para sobrevivir.