LÍNEA EDITORIAL
Nicaragua es una gran cárcel
¿Se puede llamar democracia al régimen político que impide la alternancia en el poder y niega la competición electoral en igualdad de condiciones?
Madrid - Publicado el - Actualizado
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¿Se puede llamar democracia al régimen político que impide la alternancia en el poder y niega la competición electoral en igualdad de condiciones? Esas preguntas encuentran respuesta al verse confrontadas con el régimen de Ortega y Murillo. La oposición política nicaragüense está en el exilio, en la cárcel o en arresto domiciliario, lo que hace que las próximas elecciones del 7 de noviembre no sean tales, sino una simple farsa.
Durante meses, el presidente Ortega ha diseñado e instrumentado desde la Presidencia de la República una persecución contra políticos, periodistas, banqueros, empresarios, estudiantes y sindicalistas para eliminar cualquier contrapeso al poder. En los micrófonos de Cope lo ha explicado con absoluta claridad Victoria Cárdenas, la esposa de Juan Sebastián Chamorro, uno de los siete candidatos opositores a las próximas elecciones. Chamorro lleva 121 días en la cárcel y desde hace más o menos un mes en régimen de incomunicación. Él, como el resto de los opositores encarcelados, sufren tortura y se les niega la visita de familiares y la asistencia de sus abogados. En esas condiciones, resistir es una prueba de heroicidad que ni siquiera el pueblo nicaragüense, víctima de la represión gubernamental, puede acompañar. De ahí que el papel de la comunidad internacional sea de extrema relevancia en los próximos días.
Las elecciones del próximo 7 de noviembre no son democráticas y por esa razón sus resultados no deberían ser reconocidos por los Gobiernos democráticos del mundo.