LÍNEA EDITORIAL
Los Goya, erre que erre
Se ha convertido en una triste tradición que la Gala anual de los Premios Goya torne en un ejercicio de sectarismo al servicio de una determinada ideología política
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Se ha convertido en una triste tradición que la Gala anual de los Premios Goya torne en un ejercicio de sectarismo al servicio de una determinada ideología política. Aunque este año, tratando de decirlo con gracia, el presidente de la Academia asegurara que no iba a haber crítica de ningún tipo, lo cierto es que el espectáculo tomó la misma deriva a la que nos tiene acostumbrados. Para colmo de males, el mismo presidente aseguró de manera desafortunada que este silencio era momentáneo porque ya hablarían después, con los políticos, en los despachos. Las otrora omnipresentes proclamas del “no a la guerra” esta vez apenas aparecieron, a pesar de tener una terrible guerra de invasión en Ucrania. Hubo silencio absoluto sobre cuestiones como la excarcelación de delincuentes por el despropósito de la ley del “solo sí es sí”, algunos de los invitados pidieron directamente que se asistiera a la manifestación contra Isabel Díaz Ayuso y, en la alfombra roja alguno propuso que el Gobierno subvencione a los espectadores para que vayan al cine.
La cosecha cinematográfica de este año era, sin embargo, notable, con propuestas oscuras, pero de innegable interés como "As bestas" o "Cinco lobitos", un delicado y a la vez áspero relato en torno a la maternidad. Pero el empeño por enterrarlo todo bajo la proclama ideológica ha hecho que, una vez más, estemos hablando de cuestiones ajenas a la calidad cinematográfica de las películas. Otra ocasión empleada por algunos al servicio de sus propios intereses. Otra ocasión perdida.