Línea editorial: "La soledad, problema político"
El problema de la soledad se ha convertido en un problema de salud pública. Pero también puede llegar a convertirse en un problema político
Madrid - Publicado el - Actualizado
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La soledad es otra pandemia en Europa. Uno de cada cuatro europeos se siente solo. El coronavirus ha aumentado el problema. En España no estamos mejor, más del 21% de los españoles se sienten solos y carece de un grupo de amigos. Además, el sentimiento de soledad se dobla entre los jóvenes.
El problema de la soledad se ha convertido en un problema de salud pública. Pero también puede llegar a convertirse en un problema político. La soledad no es buena para la democracia. Si se repasan los regímenes que no respetaron la libertad en el siglo XX destaca que fueron dictaduras que destruían las instituciones ciudadanas. El Estado lo era todo, las personas se mantenían alejadas las unas de las otras. Era difícil compartir proyectos creativos o productivos. La gente tenía miedo de hablar entre sí. El terror solo puede gobernar de forma absoluta cuando los hombres están aislados.
Ahora que vivimos en un régimen de libertades, se supone que estamos todos conectados, pero crecen el aislamiento y la soledad. Ese aislamiento dificulta la esperanza y apaga el deseo de participar en la vida pública y de construir desde abajo. En este contexto las personas son mucho más manejables. La cosa cambia cuando se comparten las necesidades de otras personas, se desarrollan clubs deportivos, asociaciones de vecinos, asociaciones culturales, grupos de voluntarios, cooperativas y asociaciones empresariales. Al aumentar las relaciones disminuye la vulnerabilidad ante las pretensiones del poder político o económico.