Línea editorial: "Un Sínodo para vivirlo"

El coordinador de los trabajos en la CEE es el arzobispo emérito de Zaragoza, Vicente Jiménez, quien resalta la importancia del camino a recorrer

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Toman velocidad de crucero los trabajos preparatorios del sínodo de 2023. Aunque es más apropiado decir que el sínodo empieza ya, en su primera fase diocesana. Un sínodo histórico, dedicado al modo en que la Iglesia se configura como comunidad de bautizados, Pueblo de Dios que camina en comunión. El nivel e intensidad de participación ha ido en aumento desde que Pablo VI instituyera el sínodo de los obispos en 1965. El actual se divide en tres fases.

La primera, prevé consultas en cada diócesis. Habrá una segunda fase, de ámbito continental, y el proceso culminará en la asamblea de 2023, que congregará a representantes de todas las Iglesias locales. El coordinador de los trabajos en la CEE es el arzobispo emérito de Zaragoza, Vicente Jiménez, quien resalta la importancia del camino a recorrer.

Porque sinodalidad, ha explicado, es “un estilo y un talante de ser y de vivir la Iglesia”, y esto se hace día a día. El modelo no es una asamblea democrática, sino una familia en la que todos tienen sitio preferente. Pero siempre con la mirada en la misión, advertía Jiménez Zamora. De ahí que, de forma paralela al Sínodo, la Santa Sede haya convocado un Encuentro Mundial de las Familias, el próximo junio, en un formato hasta ahora desconocido y descentralizado. Lo básico y fundamental es el papel que se anima a asumir a las familias, no como sujetos pasivos, sino como agentes de evangelización. Esa es la lógica sinodal. Tampoco aquí el planteamiento es nuevo, pero queda aplicarlo con mayor determinación.