Línea editorial: "Sáhara: romper el nudo gordiano"

Más tarde o más temprano, el Gobierno español estaba obligado a asumir las consecuencias del desprecio hacia Marruecos que supuso el "caso Gali"

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Pasada la sorpresa de la inesperada decisión de Pedro Sánchez de respaldar el proyecto marroquí de autonomía para el Sahara Occidental, quedan por delante las consecuencias de este gesto para el futuro de las relaciones bilaterales, y para la estabilidad del Magreb y del Mediterráneo en un momento de crisis mundial desencadenada por la guerra de Putin en Ucrania. Al margen de la forma, impropia de una democracia, es preciso detenerse en el fondo de la cuestión, es decir, hasta donde ha acertado Sánchez con su decisión.

Más tarde o más temprano, el Gobierno español estaba obligado a asumir las consecuencias del desprecio hacia Marruecos que supuso el "caso Gali", que abrió una crisis diplomática a todas luces insostenible, sobre todo después de que Estados Unidos reconociera la soberanía marroquí sobre el Sahara. Sánchez no ha ido tan lejos, aunque, de alguna manera, ha cortado el nudo gordiano del conflicto del Sahara ante la imposibilidad práctica de organizar un referéndum de autodeterminación. Para ello ha tenido que admitir como la solución más "realista, seria y creíble" la iniciativa marroquí de autonomía para la región. Ahora se amontonan las preguntas sobre las consecuencias, desde la reacción de Argelia en plena crisis energética, a la postura que adopten tanto Europa como la propia ONU. La puerta está abierta a todas las especulaciones y lo deseable es que la sensatez se abra paso, sin olvidar la dramática situación que viven los saharauis refugiados en Tinduf