Línea editorial: "¡Que callen las armas!"

Los ucranianos viven el terror que provoca una invasión militar, el desarraigo de quienes se ven forzados a exiliarse, la incertidumbre ante un futuro que se desvanece por momentos

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Hoy, 2 de marzo, en el inicio de la Cuaresma, la oración por la paz cobra su más pleno significado. El Papa Francisco ha convocado a todos los católicos del mundo, a los cristianos de otras confesiones, y a los hombres y mujeres de buena voluntad, a unirse en una plegaria por la paz en este miércoles de ceniza. Una oración pública es una llamada a la solidaridad profunda entre hombres y mujeres que se sienten aislados e impotentes ante un desafío de tal magnitud como la guerra. Orar juntos y en público alimenta acciones a favor de la paz y destierra la tentación de la violencia. La oración ecuménica es, además, un signo público de unidad.

Los ucranianos viven el terror que provoca una invasión militar, el desarraigo de quienes se ven forzados a exiliarse, la incertidumbre ante un futuro que se desvanece por momentos. Precisamente por eso hoy resuenan de nuevo en Europa las plegarias de Benedicto XV, Pío XI, Juan Pablo II y el Papa Francisco. Todos han implorado el final de la guerra.

Su grito no es el lamento inconsciente e irresponsable de quien desconoce la dureza de la realidad. La Iglesia no abandona a los políticos y militares sobre quienes pesan las más graves decisiones en estos momentos. Tampoco abandona a quienes defienden las fronteras violadas y a los ciudadanos que las habitan. Rezar por el fin de la guerra es dejarse iluminar por Dios para encontrar caminos que establezcan la justicia y el derecho, y que abran también el camino al perdón. "Dios está con los que buscan la paz, no con los que recurren a la violencia", exclamó el Papa en el Ángelus del pasado domingo. Rezar es dejarse tocar por el Dios de la paz para construir como hermanos el futuro.