Línea editorial: "El Papa que vivió hasta el extremo la alegría del evangelio"
El Papa Luciani encarnó la pobreza del discípulo, que no implica solo desprenderse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer la tentación
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Este domingo ha sido beatificado Juan Pablo I, el pontífice que, en palabras del Papa Francisco, vivió con la alegría del Evangelio, sin concesiones, amando hasta el extremo. El Papa Luciani encarnó la pobreza del discípulo, que no implica solo desprenderse de los bienes materiales, sino sobre todo vencer la tentación de poner el propio yo en el centro y buscar la propia gloria, y con su sonrisa logró transmitir la bondad del Señor. En él, en su rostro alegre, sereno y sonriente, reconocemos a la Iglesia, la casa abierta que nunca cierra las puertas, que no endurece los corazones, que no se queja ni alberga resentimientos, que no está enfadada, que no es impaciente, que no se presenta de modo áspero ni sufre por la nostalgia del pasado cayendo en el involucionismo.
Pidamos al beato Juan Pablo I que, especialmente en el tiempo de encrucijada que vivimos, interceda por nosotros, que nos obtenga la sonrisa del alma, aquella que es transparente y que no engaña. Y que podamos hacerlo amando hasta el extremo, sin dejar las cosas incompletas. Amar así, aunque cueste la cruz del sacrificio, del silencio, de la incomprensión y de la soledad, aunque nos pongan trabas y seamos perseguidos. Si quieres besar a Jesús crucificado, decía Juan Pablo I, no puedes por menos de inclinarte hacia la cruz y dejar que te puncen algunas espinas de la corona, que tiene la cabeza del Señor. No atreverse a hacerlo, al final supone vivir una vida a medias, que no se acaba de entregar y que no da nunca el paso decisivo, sin apostar todo por el bien y sin comprometernos verdaderamente por los demás.