Línea editorial: "El narcisismo de Putin como clave"
Su infancia se desarrolló en uno de los barrios más pobres de Leningrado, donde el hampa imponía su ley al margen de la vigilante dictadura de Stalin
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Desde que Vladimir Putin ordenó la invasión de Ucrania hace ya ocho meses, una parte de los análisis se ha centrado en analizar la personalidad del presidente de la Federación Rusa para tratar de entender sus decisiones. De entrada, hay que descartar que Putin se haya vuelto loco de repente, aunque posee una importante dosis de narcisismo. Un destacado diplomático ruso, Vladimir Federovski, que sirvió a su país en la época de Gorbachov, asegura en una entrevista concedida al semanario francés "Le Point" que el presidente ruso es un "psicorrígido", es decir, una persona a la que le cuesta cambiar de opinión por muchas razones que se le den en contra.
Su infancia se desarrolló en uno de los barrios más pobres de Leningrado, donde el hampa imponía su ley al margen de la vigilante dictadura de Stalin. Así creció su adicción al poder, que luego ejerció durante su paso por la KGB, y que le ha llevado a creerse poseedor de la misión histórica de recuperar el imperio ruso. En todo esto, Putin conecta con una veta profunda de la sociedad rusa, que ve en él la encarnación de un liderazgo fuerte frente a la fantasmagórica amenaza de occidente.
Paradójicamente, ante las derrotas que está sufriendo su ejército por fallos estratégicos y tácticos, Putin no asume responsabilidades. Lo preocupante es que su perfil no permite esperar un súbito despertar a la realidad, sino una permanente fuga hacia delante.