Línea editorial: "Más que un problema de orden"
No se trata de estigmatizar a la juventud, sino de afrontar este fenómeno social y cultural disparado tras los estragos de la pandemia
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Los macrobotellones convocados por las redes sociales durante los fines de semana en varias ciudades españolas plantean un problema que va mucho más allá de la necesidad de atajar la violencia, la inseguridad sanitaria y la degradación del mobiliario urbano. El botellón se ha convertido en un fenómeno social que parece normalizado en la forma cultural de amplios sectores de la juventud. Es un fenómeno difícil de gestionar por las administraciones públicas que, sabiendo de su ilegalidad, tienen que enfrentarse a grandes concentraciones de personas sin los medios adecuados.
No se trata de estigmatizar a la juventud, sino de afrontar este fenómeno social y cultural disparado tras los estragos de la pandemia. Es necesario un gran acuerdo social que afronte la educación de las nuevas generaciones desde la responsabilidad y el respeto a uno mismo y a los demás. Lo que el botellón implica de rebeldía y protesta debe ser adecuadamente encauzado con propuestas atractivas que respondan a la verdadera búsqueda de los jóvenes.
Otro factor clave es la necesaria educación social en el consumo del alcohol, un fenómeno que degenera en estos casos en conductas antisociales gregarias que llevan a la violencia. Y, por último, hay que proponer alternativas por parte de la sociedad civil y de unas administraciones que, en no pocas ocasiones, han sido demasiado complacientes con esta práctica.