Línea editorial: "Grietas en la pax putiniana"
Azerbaiyán ha visto una oportunidad de oro para avanzar en sus conquistas territoriales
Madrid - Publicado el - Actualizado
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El encuentro con Xi Jinping y la Cumbre de Cooperación de Shanghái proporcionan a Vladimir Putin un magnífico escaparate para exhibir poder ante el mundo. Nada podía haber sido más inoportuno que la campaña militar iniciada esta semana por Azerbaiyán contra Armenia. Con Moscú, garante del alto el fuego de hace dos años, entrampada en Ucrania, Azerbaiyán ha visto una oportunidad de oro para avanzar en sus conquistas territoriales y obtener de Armenia el reconocimiento oficial de la soberanía sobre el Nagorno-Karabaj.
Putin no está en condiciones de enviar tropas, como le piden sus aliados armenios invocando el Tratado de Seguridad Colectiva. Pero tampoco a Azerbaiyán le interesa enemistarse con Moscú, por lo que tratará de evitar una escalada del conflicto. Claro que una cosa es cómo empiezan las guerras y otra muy distinta cómo acaban, si no que se lo pregunten a Putin. Lo que sí sabemos ya es que Moscú no podrá tener el papel de árbitro que desempeñó hace dos años.
Y las implicaciones de esto van mucho más allá del Alto Karabaj. En todo el espacio exsoviético, muchos actores están tomando buena nota en estos momentos de la debilidad de Rusia, hasta ahora pieza clave en el mantenimiento de muchos equilibrios precarios y de la continuidad de no pocos gobiernos autoritarios. No será la Unión Europea la que llene esos vacíos. ¿China, tal vez?