Línea editorial: "Españoles de bien por el mundo"

Solo en las dos últimas décadas, catorce cooperantes españoles han muerto en circunstancias similares

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Aunque en ocasiones hagamos honor al dicho de que se reconoce a un español porque habla mal de España, lo cierto es que los españoles tenemos razones sobradas para enorgullecernos y sacar a relucir cuanto de bueno hay en nosotros. La gran cantidad de españoles de bien, que hay repartidos por el mundo, es una de esas razones poderosas. Hemos vuelto a comprobarlo en estos días con el asesinato en Etiopía, junto a otras dos personas, de María Hernández, una joven cooperante española de Médicos Sin Fronteras, que a sus 35 años había tenido tiempo ya de poner en práctica su vocación en países como la República Centroafricana, Sudán del Sur, Yemen, Nigeria, Etiopía o México y de vivir muy de cerca, especialmente en África, la tragedia de la guerra y el dolor de tantas personas, sumidas en la miseria.

En concreto, la región etíope de Tigray, donde María ha sido asesinada y donde era coordinadora de emergencias para la ONG en la que trabajaba, vive una terrible guerra fratricida, con una crisis humanitaria que se traduce en que el 91 % de la población de la zona necesita asistencia alimentaria. La situación es tan dramática que, como la propia María había denunciado recientemente, se está destruyendo el ya precario sistema de salud y se están usando los centros médicos como bases de los diferentes actores armados del conflicto.

Solo en las dos últimas décadas, catorce cooperantes españoles han muerto en circunstancias similares. El asesinato de María nos recuerda inevitablemente al sucedido el pasado mes de abril, cuando dos periodistas españoles, que rodaban un documental en Burkina Fasso fueron asesinados por un grupo terrorista vinculado a Al Qaeda.

Por desgracia, es frecuente que el terrorismo campe a sus anchas en tantos lugares donde hay de facto un estado fallido y donde tanta buena gente como María, a pesar de que son conscientes de que se juegan literalmente la vida, permanecen, de manera entregada y generosa, junto a la población civil hasta el final.