Línea editorial: "Esos desagradables ecos que llegan desde Libia"
La ONU ha documentado las trágicas condiciones en las que se desenvuelve la vida en Libia desde que la OTAN derrocó a Gadafi
Madrid - Publicado el - Actualizado
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De vez en cuando llegan desagradables ecos desde la otra orilla del Mediterráneo. Campos de concentración, ejecuciones sumarias, torturas… La ONU ha documentado las trágicas condiciones en las que se desenvuelve la vida en Libia desde que la OTAN derrocó a Gadafi y las potencias toman partido por uno u otro bando en la guerra civil para hacerse con una porción del petróleo y el gas libio. Pero si una parte de la población sufre con especial dureza esta situación son los migrantes.
Vienen del África subsahariana o incluso de Siria e Irak, obligados a emprender esa ruta tras el cierre de fronteras por parte de Turquía, según lo acordado con la UE. Si aquel acuerdo fue una vergonzosa mancha en el historial europeo, el suscrito en 2016 con Libia se lleva la palma. Se cumplen esta semana cinco años de la firma. Italia ha visto reducida a la mitad la llegada de migrantes.
A cambio Roma y Bruselas han desembolsado unos 500 millones de euros para que los guardacostas libios cumplan el trato de no dejar escapar a nadie de ese infierno. Pese a todo, desde 2017 al menos 8.000 personas han muerto intentándolo, porque para ellos es peor la perspectiva de una prisión libia. En octubre un juez italiano condenó a un capitán de barco por devolver a un centenar de migrantes a sabiendas de que podía estar condenándoles a muerte. Exactamente lo mismo que Italia y la UE están haciendo con total impunidad.