Línea editorial: "Cardenal Carlos Amigo, in memoriam"

Su nombramiento como arzobispo de Sevilla, sede en la que permaneció veintisiete años, le convirtió en una de las figuras más relevantes de la Iglesia en la España contemporánea

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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La noticia del fallecimiento del cardenal Carlos Amigo llegó a la Conferencia Episcopal Española mientras los obispos se encontraban reunidos en Asamblea Plenaria. Con un sencillo mensaje, el arzobispo de Sevilla, José Ángel Sáiz Menenses, hacía público que el cardenal Carlos Amigo, servidor bueno y fiel del Evangelio y de la Iglesia, había concluido su peregrinación en esta tierra.

Nacido en 1934 en la hermosa localidad vallisoletana de Medina de Rioseco, ingresó muy pronto en los franciscanos, un carisma que ha moldeado su vida y su ministerio desde la cercanía y el afecto. Nombrado arzobispo de Tánger en 1973 por san Juan Pablo II, participó en destacados encuentros interreligiosos dado su profundo conocimiento de la cultura y del mundo islámico. Su nombramiento como arzobispo de Sevilla, sede en la que permaneció veintisiete años, le convirtió en una de las figuras más relevantes de la Iglesia en la España contemporánea, con una indudable proyección en América Latina.

Su trabajo incansable en favor de la religiosidad popular, su brillante elocuencia en la predicación, su capacidad de comunicación y de relaciones personales, y su juicio equilibrado, siempre regido por la prudencia, hicieron del cardenal Amigo un referente público de la propuesta de esperanza de una Iglesia a la que sirvió con inteligencia, humildad y sencillez, que no dejará de recordarle con gratitud.