Madrid - Publicado el - Actualizado
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Hillary Clinton ya cuenta con los delegados suficientes para ser proclamada candidata a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Demócrata. Los mandatos de su marido Bill Clinton son quizás el mayor activo político de Hillary. Bill tiene en su haber una presidencia nada radical, más bien de centro, con claros éxitos en la política exterior. Hillary debería mirarse en ese espejo y abandonar la agenda radical de Obama en temas como la familia y la libertad religiosa. Estados Unidos necesita una presidencia capaz de superar la polarización y el descontento que domina el país y que dura ya más de una década.Clinton tiene a su favor, además, el previsible apoyo de muchos estadounidenses de sensibilidad republicana que rechazan un presidente populista y antisistema como sería Trump. Pero la precampaña y el enfrentamiento con Sanders han revelado también sus puntos débiles. Hillary no es nada popular. Se la identifica con el aparato de los demócratas y eso es precisamente lo que en este momento rechazan muchos votantes. Su paso por la Secretaría de Estado no supone mucha ventaja, porque durante los mandatos de Obama la política exterior de los Estados Unidos ha sido errática.Hillary tiene por delante el reto de ampliar su base, suscitar más simpatías y hacer frente a Trump con propuestas que despierten no solo el rechazo de su adversario, sino cierta ilusión.