11 de enero

Desprestigiar la realidad no es buen camino

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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El “metaverso”, del que tanto se habla ahora, aparece por primera vez en una novela de ciencia ficción de Stephenson titulada “Snow Crash”. En esa novela las personas no se relacionaban directamente, sino a través de avatares, de sus representaciones virtuales en tres dimensiones. Eso es lo que ahora quieren ofrecer, de forma más perfeccionada, compañías como Facebook o Microsoft. La pandemia ha acelerado el desarrollo digital. Ya veremos si este tipo de proyectos se materializan y tienen éxito.

El “metaverso”, si llega, puede ayudar a mejorar la educación a distancia, o facilitar el teletrabajo. Pero puede venir acompañado de la nociva idea de que, lo más interesante que nos va a suceder en la vida, es virtual. Puede invitarnos a pensar que nuestra condición real, de seres biológicos, es un lastre. El metaverso nos permitiría vivir todo tipo de aventuras, alimentar el sueño de vivir dos veces: una para mantenernos, y otra para satisfacer nuestros sueños, sin los riesgos a los que nos enfrentamos en el mundo real.

Hay más riesgos: el mundo virtual creado por las compañías no sería neutral, estaría sesgado por los algoritmos que ayudarían a comercializarlo. Por otra parte, se hace difícil pensar en cómo se podrían exigir responsabilidades, por ejemplo, a un avatar que realizara un fraude en criptomonedas. Como dice el escritor González Saiz, “el desprestigio de la realidad… de la dura piedra del dato y de la densa carne del hecho”, no es buen camino.