Un clima de terrible banalidad
Hay que aplicar la legislación que penaliza la difusión de vídeos de carácter íntimo con intención denigratoria
Madrid - Publicado el
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El caso de la mujer de 32 años, que se ha suicidado después de que se difundiera un vídeo con contenido sexual, debe provocar un profundo debate sobre las consecuencias de determinados actos y el uso de los modernos medios sin sentido de la responsabilidad.
La difusión del vídeo, grabado hace cinco años, produjo un profundo estado de ansiedad en esta mujer, que ahora vivía una situación familiar estable, con su marido y dos niños de cuatro años y nueve meses. Al margen de clarificar quién y con qué intención procedió a la difusión de este vídeo, y de examinar si la empresa en la que trabajaba actuó de forma correcta, hay que rechazar firmemente el clima de morbo malsano que se creó en el centro de trabajo, indicio de una perversa banalidad.
Hay que aplicar la legislación que penaliza la difusión de vídeos de carácter íntimo con intención denigratoria, aunque en su origen se hubieran grabado con el consentimiento de la persona. Pero más importante aún es la urgencia de educar a la sociedad en considerar que algunas actuaciones, que hoy se aceptan como normales, no lo son, sobre todo en lo referido al uso de las redes sociales. Es inaceptable la difusión de contenidos violentos, discriminatorios y que pretendan atacar la integridad de cualquier persona. Banalizar aspectos que afectan a la dignidad de la persona, a su núcleo de identidad, trae como consecuencia un peligroso proceso con trágicas consecuencias.