LÍNEA EDITORIAL

Adversarios, no enemigos

El gobierno de Sánchez y su mayoría están haciendo crujir todas las vigas del edificio constitucional

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

1 min lectura

El Tribunal Constitucional y el Congreso de Diputados acaparan hoy todas las miradas. Hoy, cuando en el Congreso de los Diputados se aprueba la tramitación de unas graves enmiendas a la reforma del Código Penal, el Alto Tribunal ha decidido suspender hasta el próximo lunes su pronunciamiento sobre dichos cambios, reclamado por el PP al afectar a las reglas pare el nombramiento de los Magistrados del Constitucional y del Consejo General del Poder Judicial. La complejidad del tema y la relevancia del fallo son las razones que esgrimen los magistrados favorables a la suspensión cautelar, hasta que pueda entrarse en el fondo de la cuestión.

El tema es uno de los que mayores discusiones plantea y mayor polarización genera. Los discursos políticos han alcanzado en la sede de la Cámara Baja un tono extremadamente duro. Y no solo eso. En la Cámara se han vivido abandonos y retiradas en masa, insultos y amenazas graves. La politización indebida nada tiene que ver con la discusión y la discrepancia, sino con el ánimo y la motivación que las anima.

El disenso es propio de la democracia y este es más que evidente cuando se trata de cuestiones sustantivas como las que hoy se han debatido en el Congreso. Sin embargo, la democracia exige para su buen funcionamiento el uso de la razón y de los argumentos, así como el respeto a los procedimientos, a los tiempos, y al debate sereno. En democracia no debería haber enemigos, tan solo adversarios políticos. Pero el gobierno de Sánchez y su mayoría están haciendo crujir todas las vigas del edificio constitucional.