Maniqueísmo en tiempo de guerra
Madrid - Publicado el - Actualizado
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En una Universidad de Milán han cancelado a Paolo Nori, conocido escritor italiano, un curso sobre Dostoievski. Puede parecer una anécdota, pero es un ejemplo del maniqueísmo de lo que ahora se llama “cultura de la cancelación”. Parece que solo entendemos el mundo en blanco y negro. Como Putin es ruso, todo lo ruso ahora tiene el peligro de convertirse en políticamente incorrecto.
La cultura maniquea nos ha hecho reacios a lo complejo. Entendemos el mundo en forma binaria: izquierda-derecha, público-privado, Estado-mercado, socialistas-neoliberales. Parece que nuestro adversario debe ser la encarnación del diablo, mientras que nuestros correligionarios no pueden hacer nada mal. La “cancelación” no intenta buscar la verdad, sino moldear el campo de batalla de la información. Es infantil cancelar a los rusos y a su cultura identificándolos necesariamente con Putin. Lo que más puede ayudar a Putin es la rusofobia.
Las manifestaciones contra la guerra han sido un fenómeno que hacía mucho que no se veía en Rusia. La insistencia con que la invasión ha sido definida por muchos intelectuales como un “dolor”, una “vergüenza” y un “crimen” está resultando sorprendente. Solo mencionar la palabra guerra en Rusia supone que el régimen de Putin te puede multar. Desde que empezaron las protestas hay ya 10.000 detenidos en Rusia. Será difícil que la sociedad civil rusa acabe con Putin, porque los mecanismos del poder son férreos. Pero las protestas muestran que el mundo y Rusia, afortunadamente, están llenos de grises.