Diez años del atentado de ETA en Mallorca: un crimen sin resolver

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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Ni un papel. Nada. La Guardia Civil buscó durante años alguna pista que diera luz a la autoría del último atentado mortal de ETA, el que hace una década acabó con la vida de los guardias civiles Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá en Mallorca, pero todas las pistas acabaron en saco roto. El 30 de julio de 2009 una bomba-lapa colocada en los bajos de un coche patrulla de la Guardia Civil hizo explosión en el cuartel de Palmanova con los dos agentes dentro y a unos cientos de metros de las playas donde esos días veraneaban 30.000 personas.

No era la única lista para hacer explosión. En un vehículo próximo había un segundo artefacto que fue detectado gracias a un perro policía y detonado de forma controlada. Solo once días después estallaron tres de baja intensidad en diferentes puntos de la capital balear sin causar heridos. Las incógnitas en torno a este atentado son todas. Nada más estallar, la Delegación del Gobierno en Baleares puso en marcha la "operación Jaula" para controlar las salidas de Mallorca por aire o por mar. Parecía que, al tratarse de una isla, sería más fácil localizar a los etarras, pero no fue así. "Es alucinante, no hay nada. Y la Guardia Civil está desesperada con ese tema. Te preguntas: ¿cómo es posible no se haya podido sacar nada de información, ningún vuelo, ningún barco? Posiblemente, me decían, podían ser legales, gente que no estuviera fichada y que vivía en el País Vasco tan tranquila".