ORIOL BOHIGAS

Oriol Bohigas, el adalid de la arquitectura funcional

Hèctor Mariñosa

Agencia EFE

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Hèctor Mariñosa

Oriol Bohigas, marcado desde joven por las corrientes racionalista y organicista, fue uno de los principales defensores de la arquitectura pragmática y funcional, que aplicó con firmeza en la capital catalana bajo su divisa de higienizar el centro y monumentalizar la periferia.

Admirador de maestros del movimiento moderno como Le Corbusier, Mies van der Rohe, Oscar Niemeyer y Frank Lloyd Wright, así como del GATCPAC, movimiento arquitectónico vanguardiasta catalán de los años 30, Bohigas plasmó esas influencias en multitud de obras realizadas durante sus más de 60 años de profesión, entre ellas el planeamiento urbano de la Villa Olímpica, el edificio RBA y el museo Disseny Hub, en Barcelona; el barrio Sextius-Mirabeu, en Aix-en-Provence; el nuevo puerto de Salerno o el frente marítimo de Rio de Janeiro,

Bajo su poderosa influencia en la Barcelona gobernada por Narcís Serra y Pasqual Maragall se alumbraron en la capital catalana lo que popularmente se conocerían como plazas duras, unos espacios en los que predominaban el granito, el cemento o el hormigón y donde la presencia de zonas verdes y mobiliario urbano era testimonial o inexistente.

La política urbanística de Bohigas no fue compartida por buena parte de la ciudadanía, en una ciudad densa como Barcelona con escasez de parques y zonas verdes, pero el arquitecto se mantuvo fiel a su ideario y llegó a cuestionar la validez de la opinión pública por no estar preparada para digerir unas innovaciones que consideraba que se entenderían con el paso del tiempo.

Y cuando el tiempo pasaba factura a alguna de estas obras, como en el caso la emblemática plaza dels Països Catalans, plaza dura pionera que fue Premio FAD en 1984 y que sufrió un rápido proceso de degradación, Bohigas se defendió culpando a la falta de conservación e incluso a los destrozos de los sucesivos gobiernos municipales.

Aunque negaba ser un déspota ilustrado en materia urbanística, Bohigas defendía una arquitectura vanguardista que podía ser incómoda para el usuario, no era partidario de los procesos participativos en cuestiones de estilo o de innovación y consideraba que la falta de autoridad arquitectónica generaba extravagancias en este ámbito y la degradación urbanística.

Tras dejar el ayuntamiento de Barcelona en 1994, Bohigas adoptó una posición muy pesimista sobre el devenir del urbanismo y la arquitectura, y cuando al año siguiente fue investido doctor honoris causa por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, dijo en su discurso que el 95 por ciento de los arquitectos son "insolventes, lacayos de la especulación al servicio del entorpecimiento, el mal gusto y la degeneración de promotores y usuarios".

Con fama de provocador, el arquitecto barcelonés nunca tuvo pelos en la lengua a la hora de cargar contra las obras que le disgustaban, y así criticó con nombres y apellidos a los que consideraba personajes casposos de la vieja arquitectura, mientras llegó a asegurar que el Museo Reina Sofía era tan feo como El Escorial.

Pese a encontrarse en las antípodas de las corrientes arquitectónicas, Bohigas fue un valedor de Antoni Gaudí y, aunque en 1965 firmó un manifiesto oponiéndose a la continuación de la Sagrada Familia, en 2002 participó en la inauguración del Año Gaudí para destacar del arquitecto modernista la expresión dramática del volumen, la descripción del espacio, la cualidad textural, las innovaciones decorativas y la concepción del paisaje y del entorno urbano.

Más allá de su ingente actividad y producción arquitectónica, Bohigas fue también un prominente activista cultural, lo que le llevó a fundar el grupo editorial en catalán Edicions 62, y a presidir la Fundació Miró y el Ateneu Barcelonès, además de ser un activo militante del ala más catalanista del PSC, que llegó a proponer su separación del PSOE y el reconocimiento del derecho a la autodeterminación.

Asimismo, fue uno de los destacados miembros de la Gauche Divine, surgida en los años 60 como oposición al franquismo en torno a la sala barcelonesa Boccacio, donde coincidió con destacados escritores e intelectuales como Carlos Barral, Gabriel Ferrater, Rosa Regàs o Maria Aurèlia Campmany, época en la que fue detenido y expulsado en dos ocasiones de la Escuela de Arquitectura.