EFE
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Las incógnitas del crimen de Guadalajara
El cuádruple crimen del chalé de Pioz (Guadalajara) continúa siendo un misterio. La hipótesis de una venganza perpetrada por profesionales es la que mayor fuerza tiene de momento, aunque hay algunos datos que llaman la atención de los investigadores. En especial, tal como adelantó ayer ABC, que el matrimonio, de origen brasileño, no tenga antecedentes penales en España, algo que se ha confirmado después de lograrse su identificación plena mediante técnicas de ADN.
Es más; el marido, que tenía unos 40 años de edad, como su mujer, era camarero de profesión hasta abril, cobraba el paro y alquiló el chalé de la urbanización La Arboleda con su identidad real, algo que en principio puede chocar con la teoría de que la familia se había refugiado en ese lugar para huir u ocultarse.
Las primeras investigaciones de la Policía Judicial de la Comandancia de Guadalajara han permitido averiguar que el hombre asesinado había trabajado hasta el mes de abril como camarero en un restaurante de Alcalá de Henares (Madrid) y que a partir de ese momento estaba en paro.
Además, se sabe que hasta que la familia se trasladó a vivir al chalé de Pioz, en el que encontró la muerte, residía en un piso de Torrejónde Ardoz.
Al matrimonio no le constan antecedentes ni policiales ni penales en España, pero se está trabajando con la Embajada brasileña.
Los restos de las cuatro víctimas estaban repartidos es seis bolsas de plástico verde de las destinadas a basura, selladas además con cinta americana con la intención de que el olor nauseabundo de la putrefacción tardara lo máximo posible en traspasar las paredes del chalé. Los bultos estaban alineados en el salón de la casa.
El despedazamiento de los cadáveres de los dos adultos es interpretado por algunas fuentes como una señal para terceros, a los que se les querría hacer llegar el mensaje de que si hacen lo mismo que las víctimas acabarían como ellas. Y el hecho de que el asesino o asesinos no tuvieran ningún problema en no ocultar los cadáverese lleva a pensar que tampoco les importaba que el salvaje asesinato fuera descubierto. Las fuentes consultadas consideran que este dato es compatible con el hecho de que los criminales hayan huido ya de España.
Como ya informó ayer ABC, ni las puertas ni las ventanas del chalé de la calle Los Sauces estaban forzadas, de modo que es muy posible que la familia conociera a sus verdugos. Los agentes de la Guardia Civil, que descartan por completo el robo como móvil del crimen múltiple, tuvieron que entrar por una de las ventanas, no sin antes retirar una mosquitera.
Hay otro dato que es relevante. Al parecer, ni uno solo de los vecinos de la familia oyó ninguna señal de pelea o gritos la semana en la que se datan los asesinatos. Lo que sí les pareció relevante, y lo primero que les llamó la atención, fue precisamente lo contrario, el silencio sepulcral que envolvía el chalé, cuando los días anteriores se podían oír perfectamente las voces de los niños mientras jugaban. Además, observaron que nadie recogía las barras de pan que un repartidor llevaba a diario a la familia.