Justicia para todos

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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La excarcelación de la etarra Inés del Río, determinada por la Audiencia Nacional, ha provocado el lógico escándalo entre las víctimas del terrorismo y entre todos aquellos que con sorpresa ven cómo los que sembraron la muerte y el horror durante años salen de la cárcel si que hayan dado muestras de arrepentimiento. La doctrina Parot constituía un instrumento ideal para resolver un problema que se ha producido en nuestro ordenamiento jurídico. El cómputo de las penas que establecía remediaba una laguna de nuestro ordenamiento penal, que al menos en el período de los primeros años de la democracia no contemplaba la posibilidad de que los que habían asesinado pudieran salir habiendo cumplido unas condenas relativamente cortas, sin admitir que habían cometido un grave crimen contra la vida social y contra la dignidad humana.La indignación es lógica y tiene fundamentos morales y jurídicos. En cualquier caso la sociedad española, y la vasca especialmente, tiene por delante una gran tarea: construir después de tantos años de violencia unas relaciones basadas en la verdad y la justicia. No se puede construir una convivencia verdadera sobre la mentira. La posibilidad del perdón debe permanecer abierta pero sólo será operativa si los que causaron tanto dolor reconocen su terrible responsabilidad. Una sociedad que otorgue carta de ciudadanía a los que han asesinado, sin arrepentimiento ni autocrítica, se está condenando a sí misma.