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Noticias de Marruecos

Manuel Cruz

De Marruecos, nuestro vecino del sur, que tantas veces ha ocupado las portadas de los medios de comunicación cuando había que hablar del Sahara, de la pesca, de las pateras o de las vallas de Ceuta y Melilla, sabemos en realidad bastante poco. Ya no están aquellos grandes corresponsales de los años setenta y ochenta del pasado siglo y apenas aparecen análisis y crónicas de enviados especiales… Y, sin embargo, Marruecos no ha dejado de existir.

Todos nuestros problemas territoriales siguen latentes, la inmigración y el terrorismo planean sobre nuestras relaciones que, por cierto, son excelente en el terreno comercial y de la cooperación económica y de seguridad. Puede, incluso, que la mejor noticia sobre Marruecos es que no haya noticias. Pero las hay y muy interesantes por cierto.

Por ejemplo, el ya no tan joven rey, Mohamed VI, que no tiene el magnetismo personal de su padre Hasan II, ha heredado de su progenitor una capacidad especial para mantener el equilibrio entre su autoridad religiosa como Amin Al Muminin y Jefe del Estado; entre la prudencia para afrontar las crisis internas y la osadía para adelantarse a los problemas.

Y en una cosa adelante este Mohamed VI a su padre, del que se decía que tenía una inteligencia superdotada: la paciencia. Ates de la casi olvidada “Primavera árabe”, tuvo el acierto de adelantarse a reformar el rígido Código de la Familia (la Mudauana, basada en la “sharía) para igualar en derechos al hombre y la mujer, limitar la poligamia y suprimir la figura del “tutor” sobre las menores de 18 años.

A este paso siguió otro de mayor calado que fue la reforma de la Constitución en 2011, apenas estallaron las primeras revueltas en Túnez y Egipto, por la cual se reconocían los derechos humanos fundamentales y las libertades básicas de un Estado de Derecho democrático, es decir, fundado en la separación y equilibrio de los poderes. Y en las primeras elecciones parlamentarias que se celebraron a continuación, que dieron la victoria a los islamistas moderados del Partido Justicia y Desarrollo, no dudó el rey en nombrar presidente del Gobierno al carismático presidente de este partido, Andelilah Benkiran aunque no obtuvo la mayoría absoluta.

Así hasta que, en octubre del pasado año, el PDJ volvió a ganar a pesar de la crisis económica y de las corrientes modernistas que se han ido perfilando en el seno de otros partidos, especialmente la Unión Socialistas de Fuerzas Populares, partidario de la separación total de política y religión. Precisamente por la postura irreductible de los socialistas, Benkiran, que se negaba a dialogar siquiera con ellos, fue fulminado por el rey después de cinco largos meses de fracasadas negociaciones para formar gobierno. Consecuencia: Mohamed VI ha nombrado al número 2 del PDJ, Saadedin El Otmani, que, en una semana, ha logrado el consenso necesario para obtener la necesaria mayoría parlamentaria para formar el nuevo ejecutivo. Y en ese gobierno, contra todo pronóstico, figurarán los laicos socialistas de los que se dice que han elaborado un informe secreto en el que se sugiere al rey dar nuevos pasos para desarmar el islamismo político. Curiosamente, el Consejo Superior de los Ulema de Marruecos (los doctores de la ley, brazo de hierro del monarca en materia teológica) emitió una “fátua” a sentencia religiosa, en la que se declaraba que la apostasía, terrible pecado castigado con cinco años de prisión, debía pasar a la jurisdicción civil y abandonar el ámbito religioso. Según los ulama, el supuesto delito habría que considerarlo algo así como una “deserción” de la “umma”, la comunidad, una espeie de traición a la patria… Habrá que esperar ahora la ley oportuna votada en el parlamento para ver hasta dónde llega la “compresión” de los diputados.

¿Y quién es este Otmani, con el que pronto tendremos que entendernos como presidente del ejecutivo cherifiano? Pues se trata de un psiquiatra de sesenta y do años, de gran prestigio en la comunidad científica, que, pese a su militancia en diversas formaciones de corte más o menos radical, entre ellas la Chabiba Islamía (Juventudes Islámicas) relacionada indirectamente con los atentados de Casablanca que preludiaron los del 11-M en Madrid, sabe combinar la predicación religiosa con lo que se considera como “modernidad”, incluido el aborto en caso de necesidad y la legalización del consumo de marihuana… además de condenar el fanatismo del Daesh. Cuenta la revista “Jeune Afrique”, que a una mujer marroquí envuelta en problemas familiares, le aconsejó como terapia que recuperase la oración y frecuentase las mezquitas. La prescripción tuvo su efecto positivo.

A Mohamed VI, que en definitiva es el guardián del Islám, no parece molestarle esta forma de pensar de su nuevo primer ministro. Ya veremos hasta donde consigue convencer a los “puristas” de su propio partido. Pero hay que tener en cuenta que Marruecos, bajo la dirección de su monarca, ya ha optado abiertamente por el “Islám moderado”, un Islám de raíces sufíes, dentro del rito malakita, protector de cofradías, rechazadas en otros países islámicos. Más aún: VI ha entendido que la mejor forma de combatir el fanatismo islamista es la expansión de su doctrina moderada por todo el continente africano, especialmente en el centro y el norte donde pululan las corrientes más o menos ligadas a Al Qaida, como Mali, Somalia o Nigeria.

Con este fin, hace meses que el monarca recorre los países africanos y, como golpe de efecto, ha pedido el reingreso en la organización de la Unidad Africana… de la que había desertado a raíz de la admisión en su seno de la República Saharaui, apoyada por Argelia y Sudáfrica. De momento, esta “vuelta al hogar” africano, no ha supuesto modificación alguna de la política marroquí sobre la antigua colonia española. El Sahara sigue siendo materia “tabú” en la política marroquí, al extremo de que el anterior Gobierno de Benkirán amenazó a Bruselas como reabrir las fronteras a las pateras si se hacía efectiva la prohibición de exportar a Europa productos de pesca procedentes del Sahara.

En fin, ahí tienen los lectores algunos rasgos de lo que pasa en nuestro vecino del sur. Suficiente para prestarle atención…

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