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Impulsores de la carrera de Derecho en Castellón

La UJI nombra doctores honoris causa a los juristas Montero Aroca, Martín Queralt y Vives Antón

La Universitat Jaume I ha investido hoy como doctores honoris causa a Juan Montero Aroca, catedrático de Derecho Procesal; Juan Martín Queralt, catedrático de Derecho Financiero y Tributario, y Tomás S. Vives Antón, profesor emérito y catedrático de Derecho Penal, vinculadas a la docencia e investigación en la Universitat de València e impulsoras de los estudios de Derecho en Castellón.

El acto ha sido presidido por los rectores de la Universitat Jaume I, Universitat de València, Universidad de Murcia y Universidad de Castilla La Mancha; el presidente del Consejo Social de la UJI y el director general de Universidad, Estudios Superiores y Ciencia.   La investidura se ha iniciado con la laudatio que ha realizado el catedrático de Derecho Financiero y Tributario de la UJI Germán Orón sobre Juan Martín Queralt, del que ha destacado «su dedicación y trabajo incesante para que el Estado de derecho sea una realidad, y que los principios de justicia y la ley, también justa, no se vuelvan papel mojado a la hora de ser aplicados». El catedrático de la UJI también ha dicho de Martín Queralt que por los conocimientos que atesora, y no sólo jurídicos, sino también históricos, musicales y literarios, es un sabio jurista y un polímata. Para finalizar, ha leído algunas de las frases que han dedicado al nuevo honoris diferentes expertos y juristas, entre las que caben destacar elogios como que «ha realizado aportaciones muy valiosas a la ciencia del Derecho Financiero y Tributario y está reconocido en España y en todos los países de influencia latina como uno de los profesores más sobresalientes de esta disciplina» y que «es el especialista del Derecho Financiero y Tributario más relevante de su generación».   Por su parte, Martín Queralt  ha comenzado su intervención agradeciendo a la Universitat Jaume I  el honor que le ha concedido, «con un agradecimiento muy hondo y sentido» y ha realizado un repaso a las personas que le han acompañado en su trayectoria personal y profesional. Después ha abordado algunos temas de actualidad que le preocupan seriamente como la banalización de la cultura, que está dañando muy gravemente a la Universidad pública: «muchas universidades no son sino centros dedicados al medro mercantil y no a la formación de la excelencia»; la quiebra de la tradición romanista y su sustitución por la concepción  anglosajona del Derecho; la conversión de la Administración en recadera de los augures de Bruselas; el interminable tira y afloja entre Comunidades Autónomas y Estado central por la financiación; las demoras en la resolución de los procesos incoados por fraude a la Hacienda Pública por parte de los gobernantes; los recortes en los salarios y el incremento de las cargas fiscales sobre el pueblo llano, etcétera. El honoris ha concluido su discurso afirmando que hacer un repaso de estos temas es desalentador puesto que «en 2013 se repiten los mismos problemas que hace 500 años. Nada ha cambiado. Quizás debamos achacarlo a la desmemoria colectiva. Quizás…».   Juan Luis Gómez Colomer, catedrático de Derecho Procesal de la UJI, ha ejercido de padrino del doctor Juan Montero Aroca al que ha calificado como «un ejemplo y modelo para todos los universitarios por su magisterio y su profesión de investigador, un maestro de verdad, una persona íntegra, honrada y justa que domina además la disciplina como pocos. Es inteligente, abierto al progreso, crítico constructivo y receptor de críticas, de manera tal que sus grandes conocimientos se traducen en escritos que valen la pena porque aportan soluciones y te hacen pensar». En cuanto a su faceta investigadora, el catedrático ha destacado la importancia de las investigaciones de Montero Aroca para una buena práctica del proceso que lleve a una solución más justa del litigio, conflicto o causa. Por último, ha concluido afirmando que Montero Aroca debe pasar a la historia jurídica por ser quien mejor ha realzado hasta ahora el valor principal del Derecho Procesal, que es el Poder Judicial y no el proceso, sin despreciar ni a éste ni al derecho de acción, con todas las consecuencias que ello implica, y por haber explicado de manera incontestable que la clave de bóveda del sistema es la independencia judicial y sus garantías.   Por su parte, el profesor Montero ha centrado su discurso en la gran paradoja que se da en el Derecho Procesal del siglo XXI, al tener que elegirse políticamente entre la libertad, representada por el proceso penal; y el dinero, representada por el proceso civil. «Los poderes atribuidos al juez han cambiado las tornas y los que eran clásicos del proceso civil ahora se apropian por el proceso penal, y a la inversa, con lo que al final del viaje al servicio del dinero importa la verdad material y los poderes del juez se aumentan; y al servicio de la libertad, la verdad es lo que las partes dicen que es verdad y los poderes del juez disminuyen, cuando para ir todo bien debería ser exactamente al contrario».   En último lugar, la catedrática de Derecho Penal de la UJI María Luisa Cuerda Arnau ha realizado la laudatio de Tomás Salvador Vives Antón. Cuerda ha destacado que Vives Antón ha dedicado su vida al servicio de la consolidación democrática, sin olvidar su faceta de maestro y su compromiso con la universidad pública. Por lo que respecta a su inabarcable obra científica,  la catedrática se ha referido a su obra magna, los «Fundamentos del  sistema penal», con la que Vives ha mostrado que «o concebimos el mundo desde la libertad o no podemos concebirlo en absoluto» y que «el sistema de justicia penal debe construirse desde la idea de democracia, cuyo nervio lo constituyen los derechos fundamentales como reglas de trato y convivencia entre seres humanos que se reconocen libres, iguales y responsables». Para Cuerda, los discípulos de Vives Antón «debemos contribuir a difundir este mensaje. Hoy más que nunca. Porque nos dirigimos a una generación de jóvenes que crece con una falta crónica de perspectivas sociales, en una política de desigualdad creciente y de corrupción pública, en medio, en suma, de la más profunda contradicción que haya existido nunca entre capitalismo y democracia».

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