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Regina Coeli del domingo 17 de abril de 2016

Francisco pide por las vocaciones y recuerda Japón, Ecuador y Lesbos

Papa Francisco. Foto: Reuters
Papa Francisco. Foto: Reuters

Miles de peregrinos han acudido esta mediodía a una soleada Plaza de San Pedro en Roma para rezar el Regina Coeli y escuchar las palabras del Papa Francisco. El Pontífice reflexionó sobre Cristo Buen Pastor, tal y como se proclama en El Evangelio de este IV Domingo de Pascua. Previamente ha celebrado Misa en la Basílica vaticana, en l aque ha ordenado a 17 nuevos sacerdotes. Estas fueron las palabras del Santo padre antes del Regina Coeli: Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! El Evangelio de hoy (Jn 10,27-30) nos ofrece algunas expresiones pronunciadas por Jesús durante la fiesta de la dedicación del templo de Jerusalén, que se celebraba al final de diciembre. Él se encuentra precisamente en la zona del templo, y quizás aquel espacio sagrado cercado le sugiere la imagen del rebaño del pastor. Jesús se presenta como el Buen Pastor y dice: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos” (v. 27-28). Estas palabras nos ayudan a comprender que nadie puede llamarse seguidor de Jesús, si no escucha su voz. Y este  ‘escuchar’ no debe ser entendido en manera superficial, sino cautivante, al punto de hacer posible un verdadero conocimiento reciproco, del cual puede nacer una serie generosa, expresada en las palabras “y ellas me siguen” (v. 27). ¡Se trata de una escucha no sólo del oído sino de una escucha del corazón! Por lo tanto, la imagen del pastor y de las ovejas indica la estrecha relación que Jesús quiere establecer con cada uno de nosotros. Él es  nuestra guía, nuestro maestro, nuestro amigo, nuestro modelo, pero sobre todo, es nuestro Salvador. En efecto, la frase siguiente del pasaje evangélico afirma: “Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos” (v. 28). ¿Quién puede hablar así? Solamente Jesús, porque la ‘mano’ de Jesús es una sola cosa con la ‘mano’ del Padre y el Padre es “superior a todos” (v. 29). Estas palabras nos comunican un sentido de absoluta seguridad y de inmensa ternura. Nuestra vida es plenamente segura en las manos de Jesús y del Padre, que son una sola cosa: un único amor, una única misericordia, rebelados para siempre en el sacrificio de la cruz. Para salvar las ovejas perdidas que somos todos nosotros, el Pastor se hizo cordero y se dejó inmolar para tomas sobre él y sacar el pecado del mundo. ¡En este modo Él nos ha donado la vida, pero la vida en abundancia! (cfr Jn 10,10). Este misterio se renueva, en una humildad siempre sorprendente, en la Eucaristía. Es allí que las ovejas se reúnen para nutrirse, es allí que se hace una sola cosa, entre ellos y con el Buen Pastor. Por esto no tenemos más miedo: nuestra vida está ya salvada de la perdición. Nada y nadie podrá arrancarnos de las manos de Jesús, porque nada y nadie puede vencer su amor. ¡El amor de Jesús es invencible! El maligno, el gran enemigo de Dios y de sus criaturas, prueba arrancarnos la vida eterna en muchos modos. Pero el maligno no puede nada si no somos nosotros a abrirle las puertas de nuestra alma, siguiendo sus adulaciones engañadoras. La Virgen María ha escuchado y seguido dócilmente la voz del Buen Pastor. Que ella nos ayude a recibir con alegría la invitación de Jesús a transformarnos en sus discípulos, y a vivir siempre en la certeza de ser en las manos paternas de Dios. Tras el rezo de la Oración Mariana, el Obispo de Roma recordó a Ecuador y Japón, que sufren las desgracias del terremoto y también volvió la mirada a la isla de Lesbos, donde estuvo ayer, al tiempo que pidió oración por las vocaciones y por la perseverancia de los llamados: «Queridos hermanos y hermanas, buenos días Agradezco a cuantos han acompañado con la oración la visita que realicé ayer a la isla de Lesbos, en Grecia. A los prófugos y al pueblo griego les he llevado la solidaridad de la Iglesia. Estaban conmigo el Patriarca Ecuménico Bartolomé y el Arzobispo Jerónimo, como signo de la unidad en la caridad de todos los discípulos del Señor. La noche pasada un violento terremoto sacudió Ecuador, causando numerosas víctimas e ingentes daños. Recemos por aquellas poblaciones y también por las de Japón, donde también hubo algunos terremotos en estos días. Que la ayuda de Dios y de los hermanos les de fortaleza y sostén». El Papa recordó asimismo la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones: «Hoy es la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Estamos invitados a rezar por las vocaciones al sacerdocio y  a la vida consagrada. En esta jornada he ordenado esta mañana a once nuevos sacerdotes. Renuevo mi saludo a los nuevos presbíteros, a sus familiares y amigos, e invito a todos los sacerdotes y seminaristas a participar en su Jubileo, los primeros tres días de junio». Luego, su saludo con afecto a los peregrinos provenientes de Italia y de tantas partes del mundo. Familias, grupos parroquiales, escuelas y asociaciones. Y su bendición: «Saludo en particular a los fieles de Madrid, San Pablo, de Brasil y Varsovia. Así como a los peregrinos de diversas las diócesis italianas y a un grupo de padres de familia impulsores de la terapia intensiva neonatal». Una vez más, la preocupación del Papa por los que tienen dificultades laborales: «Estoy cerca de tantas familias preocupadas por el problema del trabajo. Pienso en particular en la situación precaria de los trabajadores italianos de los ‘Call Center’: deseo que sobre todo prevalezca siempre la dignidad de la persona humana. A todos les deseo un feliz domingo. Y por favor, no se olviden de rezar por mí. Buen almuerzo y hasta la vista.»

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