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El ejemplo de Filipinas

El reto que suponen para este momento de la historia y para el orden mundial los flujos migratorios, la mayoría de los cuales se realizan en condiciones inhumanas, debe tener una respuesta adecuada y urgente. Organizaciones católicas internacionales, siguiendo el ejemplo del Papa Francisco, están reclamando un plan internacional que ofrezca una solución “humana y justa” a las crisis del Mediterráneo y de Asia. El mundo no puede abandonar a su suerte a quienes han iniciado un viaje hacia una vida mejor.Mientras los responsables europeos debaten sobre cómo intervenir para que el mar Mediterráneo no se convierta en el cementerio de las esperanzas de generaciones enteras, el gobierno de Filipinas, a instancias de la Iglesia católica de esa nación, ha declarado que está dispuesto a acoger a 3.000 inmigrantes procedentes de Myanmar y Bangladesh. Inmigrantes sistemáticamente rechazados por otros países del continente asiático, muchos de ellos perseguidos por su etnia o religión, que se encuentran en barcos a la deriva por el mar de Andamane. Personas esclavizadas impunemente por traficantes sin escrúpulos. La Iglesia Católica en Filipinas no cesa en su empeño de recordar a la sociedad y a los políticos de ese país, que para el Evangelio, la hospitalidad es un deber primario. Y esta vez, ha sido escuchada.