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Línea Editorial 28/01/2013

Educadores, testigos de la verdad y del bien

La vida fecunda de Santo Tomás de Aquino ha influido durante siglos de manera decisiva en la historia, en particular en el ámbito de la teología, de la filosofía  y de la educación. Por eso su festividad es una ocasión inmejorable para poner claridad en las dificultades que también estamos padeciendo en el territorio educativo, y en particular de la educación católica de cuyas universidades y escuelas es santo patrón. Decía Santo Tomás, en una de sus frases más conocidas, que es evidente que existe la verdad, porque el que niega que existe la verdad, conoce que la verdad existe. Parecen palabras pronunciadas para nuestro convulso siglo XXI, donde la herida del relativismo se ha abierto con particular gravedad en la vieja Europa y ha ido minando los fundamentos mismos de la educación. Sin verdad, no hay educación en libertad. ¡Qué complicada y, al mismo tiempo, qué necesaria es esa humilde tarea de ser cooperadores de la verdad a la que todos estamos llamados! En medio de la “emergencia educativa” de la que habla Benedicto XVI, es urgente educar en la verdad, en la libertad y la responsabilidad. Todo verdadero educador sabe que debe dar algo de sí mismo y que sería muy pobre la educación que se limitara a dar nociones e informaciones, dejando de un lado la gran pregunta acerca de la verdad, sobre todo acerca de la verdad que puede guiar la vida. El educador es un testigo de la verdad y del bien, como lo fue Santo Tomás de Aquino, y lo siguen siendo hoy tantos maestros que viven apasionadamente su vocación educadora.