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El policía John McClane y su Jungla

Críticas de los estrenos de cine del 15 de febrero

Análisis de los estrenos de cine de esta semana: Jerónimo José Martín y Juan Orellana comentan “La Jungla: Un buen día para morir”, “La trama”, “Un plan perfecto”, “Dos días en Nueva York”, “Blackie & Kanuto” y “El planeta solitario”.
La Jungla: Un buen día para morir
La Jungla: Un buen día para morir

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La Jungla: Un buen día para morir (A Good Day to Die Hard) *** (6). Después de luchar contra terroristas en el Nakatomi Plaza y en el aeropuerto de Los Ángeles, perseguir por Nueva York a un ladrón de oro y salvar a Estados Unidos de un mortífero ataque informático y un robo impresionante, el incombustible policía neoyorquino John McClane (Bruce Willis) llega a Moscú para ayudar a su hijo Jack (Jai Courtney), al que no ve desde hace años y que afronta allí un juicio por asesinato. En cuanto McClane se acerca al juzgado, una serie de explosiones siembra el caos en toda la zona. Aprovechando la confusión, Jack huye de la magistratura en compañía de Komarov (Sebastian Koch), un ex millonario que lleva tiempo en la cárcel y está dispuesto a desvelar la corrupción imperante en el gobierno. Así, McClane descubre que su hijo es agente de la CIA, y le ayuda a llevar a Komarov a un sitio seguro, mientras los tres son perseguidos sin tregua —de Moscú a Chernóbil— por los crueles sicarios del entramado de empresarios y políticos corruptos, que desean la muerte de Komarov.

La saga de “La Jungla” celebra su 25 Aniversario con esta aparatosa película del irlandés John Moore (“Tras la línea enemiga”, “El vuelo del Fénix”, “La profecía”, “Max Payne”), que se acerca demasiado al modelo de James Bond, el Agente 007, y sólo cumple las expectativas en lo referente a persecuciones, explosivos, tiroteos, etc. El guión de Skip Woods intenta enriquecer el constante desparrame de sangre y adrenalina desarrollando un poco las complejas relaciones paterno-filiales entre John McLane y su hijo Jack, y entre Komarov y su aguerrida hija Irina (Yuliya Snigir). Pero su esfuerzo se queda en un esbozo epidérmico y tópico, que sólo sirve de cauce para que Bruce Willis suelte unas cuantas frases más o menos graciosas. Porque, en realidad, casi nunca hay demasiada química entre él y Jai Courtney. Queda así un típico producto palomitero, espectacular por fuera, pero muy plano por dentro, aburrido a ratos y que deja la sensación de ya visto. J. J. M.




La trama (Broken City) *** (6). Después de haber dirigido algunas películas junto a su hermano Albert —como la sugerente El libro de Eli—, el estadounidense Allen Hughes debuta en solitario con un thriller político en torno a las elecciones a la alcaldía de Nueva York. Con un guión de Brian Tucker, relata las pesquisas de Billy Taggart (Mark Wahlberg), un detective privado, antiguo policía, que es contratado por el Alcalde Hostetler (Russell Crowe), que se presenta a la reelección. El alcalde quiere que investigue a su esposa Cathleen (Catherine Zeta-Jones), sospechosa de adulterio. Pero, como suele ocurrir, nada es lo que parece.

Se trata de una película de género, bastante clásica en su aspecto, y ciertamente convencional en sus tramas, giros y resoluciones. Por otra parte, algunas situaciones están cogidas con alfileres, y otras son demasiado expositivas. Le salva un buen rodaje y unos actores de altura, que ayudan a que el resultado final sea aceptable. Típica película sobre “el lado oscuro”, en la que sólo se salva una dulce rubia secundaria. El resto están de basura hasta las orejas. J. O.




Un plan perfecto (Gambit) ** (5,5). Con un guión de los hermanos Joel y Ethan Coen, el director Michael Hoffman (“El Club del Emperador”) nos ofrece una comedia ligera, con toques clásicos, que juega con el contraste entre estereotipos culturales: el formalismo excesivo británico y la tosquedad hortera del profundo Oeste americano. Colin Firth encarna a Harry Deane, un típico “gentleman” londinense, experto en arte, que trabaja para un magnate despótico y excéntrico, Lionel Shahbandar (Alan Rickman). Para vengarse de sus continuos desprecios y humillaciones, Harry urde un timo con un falso Monet que le reportará varios millones de dólares. Para ello cuenta con la ayuda de un viejo pintor, Wingate (Tom Courtenay), y de la señorita Puznowski (Cameron Díaz), una ruda vaquera tejana que hará de cebo de la operación. Pero el plan perfecto empieza a hacer aguas por todas partes en cuanto se pone en marcha.

Se trata de una película pequeña, sin pretensiones, que nos brinda una trama muy sencilla, sostenida por buenos intérpretes, y algunos gags hilarantes en los que se nota la pincelada escatológica de los Coen. Aunque pueda parecer lo contrario, la cinta también tiene su punto de elegancia pretendida, y la puesta en escena está cuidada, pero siempre dentro de los límites de un guión de usar y tirar. No se puede negar que “Un plan perfecto” entretiene, que es lo que busca, y nada más. Una comedia de estafadores de serie B, en la que nadie da muestras de moralidad, pero que despierta inevitables simpatías. J. O.



Dos días en Nueva York (2 Days in New York) ** (5). La francesa Julie Delpy es un ejemplo de versatilidad cinematográfica. Como actriz ha sido dirigida repetidas veces por algunos de los maestros europeos como Krzysztof Kieslowski; ha trabajado en importantes proyectos de ficción televisiva, y los dramas y comedias románticos se han convertido en su seña de identidad: ella protagonizó “Antes del amanecer” (1995) y “Antes del atardecer” (2004). Ahora repite formato, y tras haber escrito, dirigido e interpretado “Dos días en París” (2007), vuelve con una secuela en la que la protagonista, Marion (Julie Delpy), tiene un niño de su anterior matrimonio y una nueva pareja, el afroamericano Mingus (Chris Rock). Viven felices en Nueva York hasta que desembarca la familia parisina de Marion: su viudo e impresentable padre Jeannot (Albert Delpy), su desinhibida hermana Rose (encarnada de nuevo por Alexia Landeau) y el novio de ésta, el inmaduro Manu (Alex Nahon).

Esta película de concepción muy francesa (aunque coproducen Bélgica y Alemania) está atravesada por una “antropología de mínimos”, corriente cultural muy posmoderna de la que son exponentes muchas películas europeas recientes, y que proponen una visión muy roma del ser humano. Por tanto, la relación de pareja se presenta siempre como algo sumamente frágil y efímero, que debe ser gestionado como un “carpe díem” racional, es decir, no alocado, pero de perfil bajo. Por esta razón, y a pesar de su vocación de comedia, “Dos días en Nueva York” lo que realmente contagia es un sordo escepticismo y un cierto hastío: nada hay suficientemente atractivo en el filme como para movilizar el afecto y la empatía del espectador. El personaje de Mingus es quien más se salva de este caos, a pesar de ir por su tercer matrimonio. Tiene claros ciertos límites que no deben saltarse, y vive con ciertos referentes ideales. La película elogia la maternidad y las relaciones familiares, pero siempre dentro de una gran precariedad de sentido.

La película se deja ver, es en general entretenida, y tiene algunos buenos momentos; pero le sobran muchas salidas escatológicas, siempre a cargo del abuelo y de Manu, y que rompen continuamente el tono dramático del filme. J. O.




Blackie & Kanuto *** (6). Blackie es la oveja negra y rebelde de una granja, y está obsesionada con ir a la Luna. Kanuto, un bondadoso perro pastor, está enamorado de Blackie, pero no quiere ni oír hablar de cohetes. Durante su accidentado romance, encontrarán vacas cantantes de ópera, galantes lobos diseñadores de moda, arañas inmigrantes sin papeles y un extraño grupito de perros que tienen un cohete listo para despegar... Pero Pinky, una descomunal oveja rosa de agresivo carácter, les pondrá las cosas muy difíciles.

Bien escrita por el español Ángel E. Pariente —con frescos diálogos desenfadados—, esta coproducción entre España, Francia e Italia gustará a los más pequeños, pero seguramente canse a los padres que les acompañen al cine. Pesa sobre todo el ritmo excesivamente episódico de la trama y una animación en 3D expresiva, pero demasiado esquemática. Tampoco resultan muy estimulantes las cancioncillas metidas aquí y allá. En todo caso, la película es suficientemente divertida, sus fondos y diseños de personajes son originales, el guión elogia el amor, la apertura a los demás, la ilusión profesional y el afán de aventuras, y el conjunto está bastante bien planificado por el francés Francis Nielsen (“Le chien, le général et les oiseaux”, “Émilie Jolie”). J. J. M.




Un planeta solitario (The Loneliest Planet) —. Alex (Gael García Bernal) y Nica (Hani Furstenberg) están enamorados y comprometidos para casarse. El verano anterior a su boda deciden viajar a las montañas del Cáucaso, en Georgia. Allí, la pareja contrata al guía Dato (Bidzina Gujabidze) para que los lleve de excursión, y los tres se aventuran dentro del vasto territorio: un paisaje abrumadoramente abierto y alarmantemente cerrado. Mientras caminan, intercambian anécdotas y juegos para pasar el tiempo. De pronto, un tropiezo, un gesto que dura dos o tres segundos, un gesto que termina casi tan pronto como comienza, pero que, una vez hecho, no se puede deshacer, amenaza con disolver todo lo que mantiene unida a la pareja.

He aquí la sinopsis de esta coproducción entre Estados Unidos y Alemania, dirigida por la poco conocida Julia Loktev (“Moment of Impact”, “Day Night Day Night”) y cuya distribuidora no ha enseñado a la prensa. Por el tráiler, parece un dramón psicológico-afectivo, minimalista pero denso, bien interpretado, con explícito contenido sexual, y cuyas bellas imágenes del Cáucaso contrastan con el opresivo universo interior de los personajes, sobre todo de Nica. J. J. M.