En honor a la verdad, Kobe será eterno - Con Basket si hay paraíso

En honor a la verdad, Kobe será eterno

Es posible que tras el fallecimiento de Michael Jackson hubiera quien se dedicara a difundir las acusaciones nunca probadas, y por las que nunca fue condenado, de abuso a menores, antes que a reconocer la trascendencia mundial de este personaje en la historia de la música y el espectáculo. Si hoy falleciera Caravaggio en lugar de en 1610 lo tendría muy mal su familia y admiradores para defender su importancia como artista ante según quién, porque por encima de su relevancia como artista algunos hablarían de un asesino y supuesto abusador de niños. Si Charles Chaplin falleciera hoy habría quien ignorara la genialidad del actor y creador cinematográfico para centrarse en su patética figura como amante de adolescentes y odioso marido, según algunas biografías. Si Neruda falleciera hoy, antes que su nobel y la admiración que despierta su poesía, habría quien sólo se centraría en su confesión de violador y maltrato a las mujeres. Si John Lenon falleciera hoy es posible que muchos comentarios e informaciones se centraran en él como un maltratador de su primera pareja antes que de un intérprete y creador que cambió la historia de la música formando parte de los Beatles. Si hoy falleciera Pablo Picasso, por encima de su faceta artística y lo que ha supuesto en la pintura del siglo XX, abundarían comentarios e informaciones sobre su misoginia y el maltrato continuado a sus diferentes parejas. Si Albert Einstein falleciera hoy sería más relevante para algunos su comentada condición de maltratador y mal padre (hasta cruel) por encima de su papel relevante en la historia de la ciencia y la concepción del universo. Es posible que cuando Bill Clinton fallezca sea más importante para algunos su turbio capítulo en el despacho oval y haber mentido a los estadounidenses que si fue buen presidente o no de la primera potencia mundial.

Todos estos datos están en sus biografías o en lo que se dice de ellos y no puede ser omitido, o no se puede hablar del retrato de un personaje importante sin hablar de toda su biografía; la verdad no puede ser omitida. Pero sobre todo lo que demuestran estas biografías es que la capacidad o habilidad en algo no hace a alguien mejor persona. Sobre todo debemos meternos en la cabeza que el genio de una persona en una actividad no dice nada sobre cómo es esta persona. No la hace mejor persona ni ser un genio de la música, del deporte o de la ciencia, es alguien relevante en lo que hacía o hace, nada más. En muchos casos esa misma genialidad tuvo un reverso sombrío como hemos visto.

Tras la trágica muerte de Kobe Bryant junto a su hija Gigi y otras siete personas hace poco más de una semana, los jueces sin toga han sacado al estrado de su imaginación otra vez a Kobe Bryant para declararle culpable de violación (algo por lo que no fue nunca declarado culpable), precisamente ahora que no puede defenderse. ¿A que no han visto tantos enlaces a informaciones que recojan lo que hacía por personas desfavorecidas?En pocos lugares habrá leído o escuchado hablar de su trabajo solidario, la creación de My friend’s place, el albergue que financió Kobe junto a su familia para acoger a decenas de sin techo de Los Ángeles. Kobe Bryant quería ser recordado no sólo como alguien que metiera canastas y ganara anillos, no sólo como un héroe del deporte, sino como una persona con un impacto positivo para su comunidad. El periodista de EFE y ex corresponsal en Los ÁngelesAntonio Martín Guirado lo contó.

No se habla ciertamente tanto de esto. En cambio, el nunca probado caso de agresión sexual ha sido más objeto de atención para quienes Kobe era culpable dijera lo que dijera la justicia. Fue en 2003, Kobe hizo todo lo posible tras este episodio por ser perdonado en primer lugar por su esposa a quien había fallado por su infidelidad, y en segundo lugar a los fans a los que había fallado como deportista al verse inmerso en un escándalo que pudo haber hundido su carrera. Pero querer anteponer el recuerdo de un episodio judicial en el que no fue declarado culpable a la trascendencia del personaje es tan antiperiodístico (amén de alejado de la ética y el buen gusto) como lo contrario, es decir el retrato idealizado de una divinidad.

En realidad ignorar las sombras también es tan irreal como injusto para la memoria del personaje, pues sólo se entiende su brillo y su luz comprendiendo sus sombras. Las sombras de Kobe Bryant hicieron de él alguien más luminoso, y omitir esto es no respetar la trayectoria de un inmenso deportista. Kobe Bryant tuvo el ansia de la grandeza, fue grande porque quiso ser grande, no fue un talento mágico el que le llevó a la cima y a ganar títulos, a convertirse en uno de los más grandes, sino que fue como la roca esculpida con la cara de los presidentes de EEUU en el monte Rushmore. Piedra trabajada. Lo que Kobe hizo con su talento es lo que ha seducido a millones de personas.

Ciertamente el periodismo está para contar todos los hechos, sin omitir una parte incómoda de la realidad, porque entonces no es periodismo, es otra cosa. De ahí que el debate no sea periodístico, porque ha de contarse todo, sino de otra índole; es decir, querer reescribir el recuerdo de esa persona por un episodio no probado de su vida es algo que tiene que ver menos con el periodismo que con otra cosa mucho menos teórica y sesuda, se trata de la mirada de las personas. Seguramente la mirada de las personas diga mucho más de ellas mismas que de lo que miran. Hacer el retrato completo del deportista es algo que el periodismo no deja de hacer, en cambio tratar de que el recuerdo del deportista sea lo más turbio posible y bajo la culpabilidad nunca demostrada, dice más de quien lo intenta. No hay que olvidar que mientras más grande sea la pieza en la que se fijan los depredadores, más relevancia consiguen.

Todo ello sucedía horas después del trágico accidente y en medio de la conmoción mundial por la pérdida de un icono del deporte, algo más que un jugador, uno de esos contados casos en los que un deportista traspasa el alcance de su habilidad y su potencial deportivo para convertirse en un referente, alguien tocado por una varita mágica que transmite mucho más que deporte, carisma, superación, motivación, amor propio, y por encima de todo un genio deportivo que es fuente de inspiración para personas de todo el mundo. Como decía esta semana David Carnicero, narrador de Movistar Plus que tantos partidos narró de Kobe Bryant, «todos queríamos ser como Kobe, queríamos hacer lo que hacía él».

No se trata de ignorar la realidad o edulcorar el retrato del personaje, se trata de contarlo todo y en orden, de ser honesto con la verdad. Los errores de Kobe le movieron a ser mejor deportista y seguramente mejor ser humano, desde la honestidad de reconocer sus demonios, algo que muy pocos entre los más severos juzgadores hacen consigo mismos. Como decíamos, no se entiende la figura de Bryant sin entender sus errores.

Ciertamente es difícil pronosticar si el fallecimiento de otro deportista tendrá el impacto mundial que ha tenido la terrible pérdida de Kobe y su hija Gianna Maria, en quien estaba depositando toda su herencia baloncestística. El diálogo interior que ha provocado esta pérdida ha venido a ser algo así como : ¿por qué lloras si no es tu familia? ¿si no le conocías? Y la respuesta interior siempre ha sido «no lo sé, no sé quien llora, pero no puedo evitarlo». Es sencillo, es el niño que habita en todos nosotros el que llora, el que sueña, el que imagina, el que se ilusiona, el que juega, el niño que nunca debemos abandonar porque es aquél que nos conecta con quienes somos y nunca debemos renunciar a ser. Es el niño que se divierte, que entiende el juego como parte de su vida, ése es el que llora. Kobe ilusionaba a ese niño, porque era un genio, porque hacía cosas increíbles, porque su estética entraba por los ojos, porque hacía cosas increíbles, porque verle a pocos metros en acción es inolvidable, porque se cayó mil veces y se levantó, porque hizo de sus defectos su fuente de inspiración para ser mejor. Kobe ha marcado a dos generaciones de jugadores, sólo así se entienden las reacciones en todo el mundo, y no sólo de homenajes oficiales, sino de los propios jugadores, en cualquier categoría.

La despedida a Kobe en el primer partido de los Lakers en el Staples es uno de los momentos más duros y que será más recordado en la historia global del deporte, no tan solo del baloncesto. En esa noche Lebron James cogió el micrófono con el corazón para dedicar una hermosa despedida, para aceptar el legado de Kobe (unos días antes le había sobrepasado como tercer anotador de la historia) y tratar de continuarlo en los Lakers, una gran mochila. En una noche emocionante, desgarradora, era tan impresionante lo que ocurría dentro del Staples Center como lo que ocurría fuera, con miles de personas en el memorial frente al pabellón. Y todo eso es mucho más de lo que pueden soportar aquellos para quienes Kobe merece el castigo eterno por algo que para ellos sí sucedió.

Kobe Bryant es leyenda porque su impefección le ayudó a ser mejor y le elevó a la grandeza. Como ocurre con otros personajes trascendentales de la historia, a los deportistas no se les debiera ver más que como deportistas, y valorar que aporten algo más cuando así sea. Muchos llegan a convertirse en ejemplos, pueden ser inspiradores de muchas personas y en muchos ámbitos de la vida desde el deporte, es lo que consiguió Kobe Bryant. Unió a sus capacidades y su trabajo el ánimo, la voluntad, para ser mejor; también de ayudar, de ser inspirador. Y de esta forma consiguió ser una persona que ha trascendido y que será recordada eternamente.

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