La comunidad católica china de España se reúne para rezar por sus hermanos

Comunidades llegadas de Madrid, Barcelona o Valencia se han congregado en la Almudena, en Madrid, para celebrar su fe y rezar por China

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Rodrigo Moreno Quicios

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 14:02

En España viven unos 220.000 chinosAlgo menos del 1 % son católicos, aunque la descentralización de sus comunidades complica ofrecerles una atención pastoral coordinada. Con motivo de Nuestra Señora de Sheshan, que se celebra el 24 de mayo, más de 350 fieles originarios de este país se reunieron en la catedral de la Almudena para pedir por sus hermanos y reunir por un día a una comunidad dispersa por todo el país

Para Elena Yuan, la fe era una desconocida hasta que descubrió que tenía un tío sacerdote exiliado en España. "Entonces recuperé la relación con él y vine aquí para aprender español", cuenta. Gracias a su tío conoció la Iglesia y se bautizó, aunque miraba la institución con bastante distancia. Fue a raíz de la muerte del cura, en 2012, "cuando sentí la necesidad de acercarme a la Iglesia y conocí la comunidad católica china".

Ella es una de los 350 chinos que acudieron el pasado domingo a la catedral de la Almudena para rezar por la Iglesia de su país. Le acompañaron católicos chinos de las comunidades de Valencia, Zaragoza, Bilbao, Barcelona, Getafe, Parla y Madrid. Se echó de menos a la de Palma de Mallorca, una de las más importantes del país, cuyos miembros no pudieron asistir al acto.

El coros de jóvenes que cantó en la Almudena el pasado domingo | Rodrigo Moreno Quicios

El coros de jóvenes que cantó en la Almudena el pasado domingo | Rodrigo Moreno Quicios 

El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, presidió la ceremonia junto a varios sacerdotes de origen chino que atienden regularmente a estos fieles. En la homilía, el cardenal explicó que "la Iglesia es católica porque no tiene miedo a hacerse presente en cualquier rincón del mundo y abraza a todas las personas y razas"Si los cristianos creen en un Dios Padre, añadió, "eso significa que todos somos hermanos".

La reunión del domingo no es el primer acto de este estilo que organiza la comunidad china. Los tres últimos años estas reuniones tuvieron lugar en diferentes santuarios marianos. Esta vez se acordó peregrinar a la Almudena en esta edición para que los asistentes ganaran la indulgencia plenaria al peregrinar a la catedral, pues se celebra un Año Jubilar Mariano por el 25º aniversario de su construcción.

Una fe vivida en comunidades

Aunque las personas nacidas en China suelan trabajar en sectores altamente absorbentes como el comercio o la hostelería, los asistentes a la Almudena abandonaron sus obligaciones por unas horas para rezar por sus hermanos perseguidos. "Muchas veces estamos más centrados en nuestros trabajos que en la vida espiritual, pero la Iglesia nos recuerda que la vida espiritual es más importante", comenta Jian Yu Li, un joven de 22 años que ha venido desde Zaragoza junto a su madre y su hermana.

Estos dos hermanos son la cuarta generación de católicos en su familia y deben la fe a su bisabuela, quien se convirtió en China y transmitió la fe a sus parientes. En su país natal, Jian Yu Li y su hermana estaban acostumbrados a celebrar la Misa en chino en casas particulares. Cuando llegaron a España en 2007, pasaron una temporada sin saber cómo reunirse con otros compatriotas. "No sabíamos que existía la comunidad católica china. Íbamos a la parroquia más cercana a nuestra casa y oíamos Misas en español", cuenta Jian Yu Li. "En un principio, por la dificultad del idioma, no entendíamos lo que decían, pero con la fe sí entendíamos a Dios", añade.

Un niño chino recibe su Primera Comunión de manos del cardenal Osoro | Rodrigo Moreno Quicios

Un niño chino recibe su Primera Comunión de manos del cardenal Osoro | Rodrigo Moreno Quicios 

Tres años después, en 2010, se creó la comunidad católica de Zaragoza "y poco a poco todos los chinos nos unimos para crear un grupo». Ahora, Jian Yu Li y su familia frecuentan la parroquia San Valero. Allí oyen Misa los sábados por la mañana, pero no es el único servicio que les ofrece esta iglesia. Para estrechar lazos con los españoles que comparten parroquia con ellos, "cada año organizamos eventos, hacemos viajes o visitamos catedrales". Una actividad que tiene gran acogida por parte de los feligreses y que les ha servido para conocer Roma, Fátima y Tierra Santa.

El valor de la acogida

Lucas es el vicario parroquial de San Valero y cada día hace lo que está en su mano para facilitar la unión entre sus dos comunidades. Un ejemplo de ello son las catequesis conjuntas que hace para que los niños chinos y españoles aprendan lo básico de la fe y jueguen juntos. "Nuestra idea es integrarlos, no crear un gueto", sentencia.

Después de las catequesis, el vicario parroquial les explica en mandarín los aspectos más difíciles de la lección para que la comprendan bien. Esto no sirve solo para ahondar en su formación religiosa, también responde a una petición de los padres, quienes están preocupados por la pérdida de su cultura. "Queremos mantener nuestra propia identidad. Somos chinos, pero estamos en España", advierte el sacerdote.

Es un diagnóstico que comparte Elena Yuan, feligresa de la madrileña parroquia Santa Rita. Gracias a sus estudios de filología inglesa, una lengua relativamente parecida al castellano, "siempre he tenido al suerte de integrarme con mucha facilidad". No obstante, es consciente de las dificultades que atraviesan algunos de sus compatriotas para comunicarse.

En vez de una apostar por una estrategia de asimilación que acabe borrando la identidad de los chinos, esta mujer recomienda valorar la riqueza cultural de su pueblo: "A mí y a la mayoría de nuestros compatriotas nos han acogido muy bien, pero pediría a los españoles que nos miren con otros ojos. Quizás nosotros damos más importancia al trabajo y a la familia, pero somos iguales en muchas cosas. Sobre todo en la hospitalidad con la que tratamos a nuestros invitados".

Jian Yu Li junto a su hermana y su madre | Rodrigo Moreno Quicios

Jian Yu Li junto a su hermana y su madre | Rodrigo Moreno Quicios 

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