Castro de Elviña: el pasado arrinconado de A Coruña - Pateando A Coruña
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Castro de Elviña: el pasado arrinconado de A Coruña

Castro de Elviña. Entre el Campus de A Zapateira, San Vicente de Elviña y Mesoiro. Cuatro hectáreas. 15008.

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Los primeros coruñeses

Situémonos. Estamos en el siglo III antes de Cristo. Un grupo de personas llega al Monte dos Curutos, en Elviña, una colina de 120 metros situada a la entrada de la actual A Coruña. La tierra es buena para arar, desde aquí se ve el mar y se encuentran en un lugar aislado del valle. Lo que ven, les gusta. Y se quedan. El monte se convierte en un ‘oppidum‘, una fortaleza, y el castro de Elviña pasa a ser la primera de las urbanizaciones de esta zona periurbana de la ciudad herculina.

El Castro de Elviña estuvo habitado más de 400 años. Convivió con la ocupación romana de Brigantium. y se considera totalmente abandonado en el siglo VI después de Cristo. Actualmente hay constancia de cuatro hectáreas de terreno, pero se estima que llegaron a ser unas ocho, que albergarían hasta 2000 habitantes en el siglo I. De esta pequeña ciudad han quedado tres recintos amurallados en los que los castrexos hacían su vida, labraban, comerciaban o rezaban.

Una sociedad enterrada

Aquí trabajaban agricultores y ganaderos, pero también había herreros, tejedores o alfareros. Del día a día de Elviña hay constancia por los útiles, el armamento o las joyas que se fueron encontrando en las diferentes excavaciones. Piezas de cerámica, monedas, armas, y hasta un ídolo fálico.

La foto más famosa es la del tesoro de Elviña. Permaneció enterrado durante dos milenios y está formado por piezas de oro como una gargantilla y una diadema Todo el material está guardado en la otra punta de la ciudad. Se conserva entre deshumidificadores en el Museo Arqueológico de A Coruña.

¿Salvado por las torretas?

Nombrado Monumento Histórico Artístico, es decir, Bien de Interés Cultural en el año 1962, el Castro de Elviña es un superviviente dentro del desarrollo de toda esta zona. Mientras la necrópolis de A Zapateira quedó enterrada por el campo de golf, probablemente las dos grandes torres de alta tensión que se colocaron sobre el Castro salvaron el yacimiento de la acción de la piqueta. La instalación eléctrica, que no se retiró hasta 2015, impidió construir alrededor.

Con el compañero de hierro trabajaron, desde 1947, los arqueólogos en las distintas campañas de excavación, irregulares en el tiempo pero con hallazgos siempre sorprendentes. Alrededor de la croa, la parte más elevada, surgieron viviendas redondas o rectangulares según la época en la que fueron levantadas.

Se encontraron distintos tramos de murallas, un gran aljibe para captar agua, un templo dedicado a la fecundidad o hasta una especie de centro cultural. Los castrexos también tenían su Palexco.

El director de una de las campañas de excavación, en los años 80, fue el arqueólogo e historiador Felipe Senén, que habla sobre el Castro de Elviña en esta entrevista a COPE Coruña:

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Las vallas del castro

Llegar al Castro de Elviña por primera vez no es sencillo. La manera más simple es enfilar el camino que hay en la carretera que une los campus de Elviña y A Zapateira.

Y lo que va a encontrar el visitante en el Camino das Penas de Agrela es una puerta metálica. El castro está cerrado a las visitas, algo que quizá entendamos si vemos qué pasaba cuando no era así. Agujeros en las paredes de una de sus casas muestran cómo el recinto arqueológico se aprovechó para instalar una barbacoa muchos siglos después de que aquí llegasen los romanos. Se decidió que, mientras no haya medios para protegerlo, el yacimiento está más seguro con vallas.

Visitas guiadas

Hoy en día, al Castro solo se puede acceder con guía. El Museo Arqueológico organiza las visitas gratuitas, al menos un día a la semana durante todo el año. A veces, son conscientes de que el castro no está para enseñar y apenas se intuye bajo la maleza.

La última consolidación de terreno dejó para la foto de autoridades murallas con la barba recortada y nuevas promesas como el refuerzo de visitas o quitar las vallas para que Elviña fuese un “yacimiento vivo”.

Meses después, de momento los hierbajos han vuelto a tomar las murallas y el Castro de Elviña ha retornado a su punto habitual de olvido administrativo, con sus líneas de tiempo paralelas que incluyen musealizaciones nunca realizadas o parques en el entorno. Y así pasan los siglos y las legislaturas para el que, con tiempo, interés y dinero, podría ser el Castro más importante de Galicia.

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