'Brujas y santas': La mujer en la filmografía de Alfred Hitchcock (I)
Blog: Palomitas de Maíz

‘Brujas y santas’: La mujer en la filmografía de Alfred Hitchcock (I)

¡Mis queridos palomiteros! Así es el perfil de la mujer en la filmografía de Hitchcock: ‘brujas y santas’. Desde que Alfred Hitchcock se quedó huérfano de padre a los catorce años, siempre acudía a los pies de la cama de su madre a contarle cuanto le pasaba. La herencia de todos esos encuentros los desarrolló en su cine. De ahí la proliferación de tantas “madres”.

A partir de Rebeca se da una nueva visión del cuento de hadas. Hitchcock –del que hemos hablado recientemente– opta por el cuento misógino por excelencia: Barbazul. Así comenzará a aparecer en varias de sus películas la existencia de una habitación que está vedada a la mujer. Es la que desea poner las llaves y satisfacer una tópica curiosidad femenina. Así lo que vemos muy claramente en otros filmes, especialmente en Encadenados (1946) o en Atormentada (1949).

En la primera, la madre —interpretada por la actriz de teatro alemana Leopoldine Konstantin— “castra” de toda voluntad a su hijo Álex Sebastián (Claude Rains). Le persuade de que se case con Alicia Huberman (Ingrid Bergman). De hecho, considera que “algo trama esa, que antes no quiso nada contigo y ahora sí”.

Cary Grant e Ingrid Bergman en un fotograma inicial del filme Encadenados, de Alfred Hitchcock

En la película hay un hecho que confirma la teoría de Ann Sebastián, la madre de Álex. Ocurre cuando él acude al dormitorio para comunicarle: “Mamá, me he casado con una espía norteamericana”. Ella, se incorpora lentamente de la cama, se enciende un cigarrillo, lo aspira con fuerza, mira a Álex y le dice con contundencia: “¡Lo sabía!”.

La autoridad femenina y el auge del clasicismo

Curiosamente, en los casos arriba citados, la prohibición masculina la ordena el varón. Pero la autoridad la ejerce un personaje femenino, convertido en una auténtica bruja (el ama de llaves de Rebeca y Atormentada, o la ya nombrada suegra de Encadenados).

Una alusión espléndida a la madre, la encontramos también en Sospecha (1963). A Hitchcock no le gustaba el final de esta película. Tenía otro, diferente del de la novela de Anthony Berkeley.

A partir de los años 50 el universo fílmico de Hitchcock se configura de forma plena

Cuando termina el filme y Cary Grant entrega el vaso de leche envenenada a Joan Fontaine, ésta escribía una carta a su madre. Le decía: “querida mamá, estoy desesperadamente enamorada de él, pero no quiero vivir. Él va a matarme y prefiero morir. Pero creo que la sociedad debería estar protegida contra él”. Entonces Cary Grant le da el vaso de leche. Y ella le dice: “querido, ¿puedes enviar esta carta a mamá, por favor?”. Él dice “sí”, ella bebe el vaso de leche y muere.

Fundido, apertura, una breve escena. Cary Grant llega silbando, abre un buzón y echa la carta adentro. Si finalmente Hitchcock no eliminó a Joan Fontaine, se arregló enviando a su padre al limbo y escamoteando a su señora madre. En el principio de la película doña Mary Whitty no es más que una fotografía en la mesa de noche de su hija.

Sin embargo, será a partir de los años 50 cuando el universo fílmico de Hitchcock se configure de forma plena. Y sus elementos y su lenguaje alcanzan el clasicismo.

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