Leer Berg es un dudar constante, un entretenido esfuerzo por separar - Libros a pie de calle
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Leer Berg es un dudar constante, un entretenido esfuerzo por separar

«Es un sueño, fijo», una frase recurso que decimos con excitación cuando vemos una película y no estamos seguros de si lo que está pasando es la realidad. Con los libros no exteriorizamos las sensaciones porque la literatura es individual y reservada, a diferencia del cine; pero sí se puede decir con posterioridad. Leer «Berg» de Ann Quin es un dudar constante, supone un entretenido esfuerzo por separar, en general. Lo que de verdad está ocurriendo de la imaginación, a la autora del protagonista o el pasado del presente.

«Un hombre llamado Berg, que cambió su nombre por Greb, llegó a una ciudad costera con la intención de matar a su padre». El comienzo ya nos da una pista del nivel, no puede estar todo el pescado vendido en un parrafito. El de esta novela de Ann Quin es uno de esos arranques a lo «Crónica de una muerte anunciada», tan citado, pero mucho más canalla. Redondo, ni una palabra de más ni una palabra de menos y ya estás esperando el desenlace. Además, alguien que utiliza «panoja» para hablar de dinero es muy canalla. Me gusta leer esas palabras que hace tiempo que no escuchas o esas otras desconocidas que ya te van a acompañar de por vida. Aunque estos detalles son más bien de los traductores (Ce Santiago y Axel Alonso).


«Una oportunidad así desperdiciada. Todavía podía provocar una pelea, contrariar al viejo, quedaría despatarrado en cuestión de segundos. ¿Y lo que quedara? Bueno quedaría él, ¿no bastaba con eso? Pero igual que una aventura amorosa, parecía demasiado fácil, por tanto, los preliminares debían prolongarse: flirtear un poco con las oportunidades»


Esperar, grábatelo a fuego porque la británica es un poco pícara. Juega con nosotros anticipando acontecimientos y avivando nuestras ganas de que pasen ya, pero espera un poco, anda. Pasamos de algo tan frenético como ese pistoletazo de salida a flotar en una balsa de aceite. También me gusta cuando los autores como ella rompen con el estilo y hacen una mezcla homogénea y confusa. Diálogos integrados sin dividir la acción con puntos ni guiones. Autores sugerentes que no rompen la magia explicando obviedades. Solo hay que atender a lo que estás leyendo.

Luego están los personajes, otro rollo. A medida que conocía a Alistair Berg, Greb para papá, me venía a la mente el Ripley de Highsmith, es un grandísimo ya sabéis pero no puedes evitar quererlo. Adictivos, no modelos, totalmente colgados; porque nadie quiere a la buena de Matilde en su saloncito de té, gracias. De soberbia está lleno el mundo como para que te increpe un ser ficticio. Aquí te sientes en casa, no hay modelos de nada. Tenemos a Alistair, un niño abandonado en busca de su padre. A Nathy, un padre que es chusma. A Judith, una amante peculiar; y a Edith, una madre tocada que vive en una realidad paralela.


«Despacio por el parque; yo un fantasma que camina al aire libre, la sonrisa del gato de Cheshire que crece y crece y manos gigantes que aplastarán todo lo que se niegue a acatar las normas y reglas que yo asigne. Oyó el traqueteo de la puertecilla de la jaula y reparó en que la gente se giraba mientras él proseguía su camino, silbando alegremente»


Lo de las reflexiones de las novelas es algo muy personal, son impresiones. En «Berg» Ann Quin quizá tira de la soledad como telón de fondo, el ser dueño de uno mismo, de tomar decisiones sin injerencias. Incluso el cerrarse las puertas a vivir determinadas experiencias para no salir de nuestro círculo de confort, miedo a la decepción. A veces cruzar esa línea supone tirar la casa por la ventana, volvernos locos, y, como ya dije, esta novela está plagada de orates. También puede ser que no haya entendido nada, que no sería raro.

Estamos ante un libro peculiar más que diferente, una apuesta arriesgada. Una coedición de Malas Tierras y Underwood, dos pedazo de editoriales que espero que no se vayan a pique. Ann Quin escribió una historia que engancha pero que hay que afrontar con calma para no perder los detalles más complejos, siempre fuera de la acción pura, con esos asombrosos monólogos protagonizados por Alistair Greb; perdón, Berg. Es probable que tenga que releer el final porque todavía tengo dudas.

Por cierto, un diseño precioso y, sobre todo, suave. Da gusto pasar la mano por el lomo y las solapas. No es broma.

 

«El amor no es sino un artificio temporal»



 

Título: Berg

Autora: Ann Quin

Traducción: Ce Santiago y Axel Alonso Valle

Editorial: Coedición Malas Tierras_Underwood

Lanzamiento: 11 de junio de 2020

Páginas: 208

Precio: 19,90€

¡A leer!

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