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El cardenal Osoro toma posesión de Santa María In Trastévere

Por primera vez vengo a esta Parroquia a predicar el Evangelio

Santa María In Trastévere
Santa María In Trastévere

El Cardenal-Arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha tomado hoy posesión de Santa María In Trastévere, título que le fue concedido al crearle Cardenal el Papa Francisco en el último consistorio el pasado mes de noviembre. La Misa ha tenido lugar a las 8 de la tarde y a ella han asistido representantes de la Comunidad de San Egidio, que tiene encomendado el templo, y el embajador de España ante la Santa Sede, Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga.

Durante la Homilía el Cardenal Osoro ha dado gracias a Dios por este regalo del Santo padre. Estas han sido sus palabras:

Queridos hermanos cardenales, arzobispos, obispos, párroco de esta comunidad cristiana, Comunidad de Sant’Egidio, hermanos y hermanas:

Quiero comenzar dando gracias a Dios por el regalo que el Santo Padre, Papa Francisco, me ha dado al entregarme el título de cardenal de Santa María en Trastévere, incorporándome así a la Iglesia de Roma como cardenal presbítero. Gracias a todos los que formáis esta comunidad parroquial, y muchas gracias a la Comunidad de Sant’Egidio, con la que, desde mis inicios en el ministerio sacerdotal y episcopal, he querido contar para el anuncio del Evangelio. En la diócesis de Madrid he sentido su cercanía, y la colaboración que hacen a mi ministerio en el anuncio de la Buena Nueva a los más pobres. Ahora el Señor me concede la gracia de vivir esta incorporación a la Iglesia particular de Roma, concediéndome a través del Santo Padre este título como cardenal presbítero. Y así poder estar más cerca aún de quienes habéis vivido el origen de esta comunidad, que busca hacer verdad la cultura del encuentro, sirviendo siempre a los más pobres, en las circunstancias más adversas que dificultan las relaciones fraternas entre los hombres.

Hoy tengo que pediros que me ayudéis a hacer verdad lo que tan bellamente nos dice el salmo 61 que hemos rezado: «descansa solo en Dios». Es verdad, solamente de Él nos viene la salvación, Él es la roca en la que podemos poner los fundamentos de la vida y de las relaciones entre los hombres, Él nos regala y nos hace vivir en esperanza, Él nos sitúa en la cumbre de la seguridad. En Él encontramos el desahogo que todos los seres humanos necesitamos para vivir y dejar vivir a todos los que viven en nuestro entorno, y hacer de esta humanidad una gran familia, la familia de los hijos de Dios.

Por vez primera vengo a esta parroquia a predicar el Evangelio. Deseo acercar a vuestro corazón la Palabra de Dios que hemos proclamado y que después de haberla acogido en mi corazón creo que el Señor nos propone tres dimensiones:

Primera: Dios no se olvida de los hombres: ¡Qué alegría introduce en el corazón del ser humano las palabras que hace un momento escuchábamos! Nunca pensemos que Dios se desentiende de nosotros. Es el ser humano el que a menudo, por sus egoísmos, por la búsqueda del poder, por no proteger y defender la dignidad que Dios le dio, se desentiende de Él. Pero habéis escuchado claramente a través del profeta Isaías, la pregunta que Dios nos dirige: «¿Puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas?». Siempre responderemos que una madre no puede hacerlo. Pero Dios va mucho más allá, aunque la madre se olvide, «yo no te olvidaré». Nunca nos deja solos y a la intemperie, nos da lo que necesitamos, nos entrega su propia dignidad, nos hizo a su imagen (Cfr. Is 49, 14-15).

Segunda: Seamos servidores y administradores de la Vida que nos ha regalado Jesucristo: Hay que dar rostro humano a Jesucristo en todos los caminos por donde transitan los hombres. Es Jesucristo quien tiene que dar luz a lo que a veces se esconde en las tinieblas. Lo nuestro es la entrega, el servicio, la paz, la reconciliación, la justicia de Dios. A menudo todo esto está en tinieblas y aparecen el egoísmo, la guerra, el descarte, la injusticia. Pongamos con nuestra vida entregada lo que el Señor nos ha regalado como gracia y lo que, a través de nosotros, desea regalar a todos los hombres. Servir y administrar la vida del Señor en nosotros es nuestra tarea, pero es a la vez nuestro gozo (Cfr. 1Cor 4, 1-15).

Tercera: Desde una confianza absoluta y total en Dios, se nos envía al mundo a anunciar la Buena Nueva a todos los hombres: Que el Reino de Dios sea lo más importante en nuestra vida. Así es posible vivir en el ámbito de la confianza absoluta en el Padre que vela por todos y conoce todas nuestras necesidades. Pero comprendamos bien el mensaje que nos hace Jesús, no invita a la dejadez y a la irresponsabilidad. Él nos invita a la confianza que se opone a la angustia, a la inquietud, al querer controlar todo. Fiémonos del amor de Dios, sigamos trabajando por su Reino.

¡Qué bueno es descubrir la clave del mensaje del Evangelio que hemos proclamado! La clave está en lo que es esencial para Jesús: «Buscar primero el Reino de Dios y su justicia», que es transformarnos en profundidad nosotros mismos como imagen de Dios y trasformar como imagen de su Reino el modelo social en el que vivimos. Cuando vivimos y nos centramos en lo esencial, experimentamos el Evangelio como Buena Noticia y comprendemos la pregunta, ¿de qué nos sirve el afán de tener si estamos vacíos? ¿De qué nos vale tanto agobio si nos perdemos lo esencial? De ahí las palabras de Cristo: «No podéis servir a Dios y al dinero». Jesús no hace una comparación cuando nos dice esto, haciéndonos ver la contraposición de dos dioses. Y no es comparable el dios Mammon y el verdadero Dios que se nos ha revelado plenamente en Jesucristo (Cfr. Mt 6, 24-34).

El Señor se hace presente realmente en el Misterio de la Eucaristía, aquí en este altar dentro de un momento. Nos pide la confianza en Él. Este encuentro con el Dios verdadero que nos dice quién es Dios y quiénes somos nosotros, nos hace hoy esta pregunta: ¿qué mundo, qué sociedad, qué relaciones entre los hombres, deseamos construir? Él nunca se olvida del hombre, nos ha dado su vida para servir a los hombres en Él, con Él y como Él, y en su confianza nos lancemos a hablar de Él con obras y palabras a todos los hombres. Él nos ofrece una salida: servirlo a Él, servir su causa, para servir con todas las consecuencias la causa del hombre. Santa María en Trastévere, ruega por nosotros. Amén.

Mañana domingo, 26 de febrero, el Cardenal Osoro conocerá varias de las iniciativas que la comunidad fundada por Andrea Riccardi mantiene en Roma. Visitará la basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, santuario de los nuevos mártires de los siglos XX y XXI; así como un centro para extranjeros de la mano de Daniela Pompei, responsable de los corredores humanitarios de Sant’Egidio, y una casa-hogar para enfermos terminales.

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