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'Línea Editorial'

Por qué sigue la guerra en Siria

De nada ha servido, hasta ahora, la tregua “humanitaria” acordada la semana pasada por el Consejo de Seguridad de la ONU. 

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Las imágenes que nos llegan cada día de los bombardeos rusos y sirios en la región de Guta oriental, a las puertas de Damasco, plantean en todo dramatismo la impotencia de la comunidad internacional para frenar el horror de esta guerra. De nada ha servido, hasta ahora, la tregua “humanitaria” acordada la semana pasada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Guta es una amplia región que forma parte del cinturón verde que rodea Damasco, cuya riqueza agrícola es la base de la alimentación de buena parte del país. Allí sobreviven, sometidos a una continua lluvia de fuego, unas 400.000 personas que están siendo utilizadas como escudos humanos por diversos grupos yihadistas.

Esta guerra desborda la pugna entre el régimen y la oposición armada para enmarcarse en el choque ancestral entre sunníes y chiíes. La guerra hubiese terminado hace tiempo si Rusia y Estados Unidos hubiesen diseñado conjuntamente una transición para Siria. Pero Rusia, junto a Irán, apoya sin fisura al régimen de al-Ásad, mientras los Estados Unidos y las monarquías del Golfo han apoyado a los rebeldes islamistas, alguno de ellos aliado de Al Qaeda. En estas condiciones están resultando inútiles los esfuerzos por encontrar una solución pacífica mientras el pueblo sufre lo indecible. Se comprenden los continuos llamamientos del Papa a la oración y al ayuno para pedir una paz que parece imposible para los recursos humanos.

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