Homilía para el XXXII Domingo del Tiempo ordinario, C, (6-11-2016)

Homilía para el XXXII Domingo del Tiempo ordinario, C, (6-11-2016)
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Homilía para el XXXII Domingo del Tiempo ordinario, C, (6-11-2016), por el sacerdote Ángel Moreno de Buenafuente
(2Mac 7, 1-2. 9-14; Sal 16; 2Tes 2, 16-3,5; Lc 20, 27-38)
La vida futura
Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente".
Es muy distinto caminar de cara al vacío, que hacerlo poniendo los ojos en el horizonte luminoso del abrazo de Dios, como dice el salmista: "Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor".
Desde la esperanza teologal cabe hasta el acto supremo de entregar la vida: "Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará". Y sigue el texto: "Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos".
No estamos en este mundo como desterrados sin futuro. No hemos recibido la existencia para padecer o gozar de manera presentista los acontecimientos aciagos o afortunados de la vida. Tenemos a Alguien que nos ha precedido y que ha superado la muerte.
Gracias al Redentor es posible caminar con esperanza y mirar la existencia desde la luz de la fe como antesala de lo definitivo, de tal forma que algunos en razón de esta perspectiva se atreven a tomar una forma de vida profética. "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección".
Te deseo que en cualquier circunstancia te sostenga la certeza de la vida futura.





