Monjes belgas descubren la receta de su cerveza artesanal 225 años después y volverán a fabricarla

Los monjes de Grimbergen la encontraron en sus archivos históricos y se estima que vuelva al mercado en octubre de 2020

Los monjes de Grimbergen encontraron la receta, original del siglo XII, en sus archivos del siglo XVIII

Los monjes de Grimbergen encontraron la receta, original del siglo XII, en sus archivos del siglo XVIII  

Agencia EFE | Redacción religión

Tiempo de lectura: 1'Actualizado 13:51

Los monasterios fueron, han sido, y son depositarios de la cultura y la memoria de los tiempos. Gracias a un hallazgo sobre su propia historia, los monjes de una abadía de Grimbergen - que da nombre a la conocida marca de cerveza - han recuperado una curiosa parte de su labor en el monasterio: la elaboración de cerveza artesanal. Junto al descubrimiento, se han anunciado que volverán a fabricarla después de 225 años. 

La fecha en la que se prevé que esta cerveza única vuelva a estar en el mercado será en otoño de 2020, según la Agencia EFE. La producción se estima en 10.000 hectolitros de cerveza al año y una parte de ella se destinará a Francia.

Para ello, los monjes están renovando una sala de la abadía para convertirla en una nueva planta de cerveza. Esta decisión la contó en rueda de prensa el subprior del convento, Karel Stautemas, ante alrededor de 120 periodistas. 

Además, la ubicación del lugar de preparación de la cerveza también va a cumplir con la historia. La planta que van a habilitar para este trabajo, es la misma que se empleaba en el siglo XVIII y va a requerir del trabajo de entre cinco y diez personas. 

Los religiosos tenían un método particular para preparar la bebida, en términos de ingredientes y conservación. Por ejemplo, la ausencia de cualquier tipo de aditivos y el reposo de la bebida en barricas de madera en lugar de en depósitos de metal. 

Los hermanos dieron con la receta y el método después de revisar sus archivos desde 1798 durante cuatro años, informa The Guardian. Ese fue el año en el que los revolucionarios franceses saquearon y quemaron el convento. Sin embargo, los monjes de entonces salvaron esos códices, del siglo XII, excavando un hueco en el muro de la biblioteca para protegerlos de las llamas.

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