¿Por qué el ciprés es el árbol que se emplean en la mayoría de los cementerios?

Este tipo de vegetación tiene unas características perfectas para los camposantos y desde la antigüedad se ha relacionado con la muerte

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Si hoy en día viajamos por carretera y nos acercamos a algún pueblo veremos casi seguramente a lo lejos cipreses, señal inequívoca de que estamos cerca de un lugar funerario, como pueda ser un tanatorio, camposanto o cementerio.

Pero, ¿por qué relacionamos este árbol con los cementerios? Antes de hablar sobre su simbología hay que hacer un inciso más práctico. El ciprés tiene unas características que lo hacen ideal para un cementerio no solo a nivel simbólico.

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Las características del ciprés que lo hacen el arbol perfecto para los cementerios

Es un árbol que extiende horizontalmente las raíces evitando así que se levanten las tumbas. Es un árbol que no necesita ningún cuidado especial para sobrevivir. Su hoja perenne hace que siempre tenga el mismo aspecto tanto en invierno como en verano. Además, es una planta de gran longevidad ya que pueden llegar a vivir 300 años.

Por otro lado, su altura lo hace ideal como cortavientos y también contra otras eventualidades atmosféricas. El ciprés se planta próximo a los muros del cementerio, y al crecer su raíz de manera vertical y recta hacia abajo, esta no crea los posibles estropicios que otro árbol ahí plantado causaría a las lápidas y otros ornamentos fúnebres.

La costumbre de plantar cipreses en los cementerios es antiquísima, encontrándonos que las antiguas civilizaciones griega y romana ya lo plantaban y atribuían toda una simbología alrededor de la muerte. Su hoja perenne le da un aire inmutable y eterno y su forma estilizada hacia el cielo, como una lanza, parece indicar el camino a las almas de los difuntos. Además, sus raíces se adentran profundamente en el subsuelo, por lo que se relacionó al ciprés con el culto al inframundo.

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El ciprés en la mitología clásica: el mito de Apolo y Cipariso

Este aspecto espiritual del ciprés que ha perdurado a lo largo de los siglos, queda patente en la mitología clásica, que recoge el relato de Cipariso, hijo de Télefo, descendiente de Heracles, que fue uno de los amantes del dios Apolo.

Según el mito, Apolo regaló a Cipariso una jabalina para cazar, pero por error el muchacho mató a su ciervo domesticado, un hermoso animal con astas de oro y guirnaldas de piedras preciosas. Tanto fue su duelo y dolor que pidió al dios Apolo que le permitiera llorarlo para siempre. El dios aceptó su súplica y lo convirtió en ciprés, árbol al que se relacionaría con el duelo y el dolor por los seres queridos.

Por otra parte, el filósofo griego Teosfrato nos dice que el ciprés común estaba consagrado al dios de la muerte Hades. También los escritores Quinto Horacio Flaco y Plinio el Viejo nos indican que una rama de ciprés colgada en la puerta de una casa era un signo funerario. Los romanos lo consagraron, al dios infernal Plutón, otorgándole al ciprés el adjetivo de «fúnebre», por lo que ha pasado a la posteridad este significado.

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