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La misión de todos los cristianos: anunciar la Resurrección de Jesús como fuente de esperanza y futuro

En 'Chateando con Dios', el periodista y sacerdote Josetxo Vera nos cuenta la importancia del Evangelio de este tercer domingo de Pascua

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Josetxo Vera
Twitter Josetxo Vera

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 02:12

Estamos celebrando el tercer domingo de Pascua, que este año es especial, al estar confinados. No ha habido en la historia una Pascua de este estilo, o quizá sí, la Pascua de los cristianos perseguidos durante tantos siglos y en tantos territorios, que tenían que celebrar la alegría de Cristo Resucitado escondidos, porque nadie podía saber que lo estaban celebrando.

Ahora sentimos el dolor de no poder participar de la Eucaristía, el dolor de no poder recibir al Señor o el dolor por la ausencia de una comunidad cristiana cerca de nosotros. Pero a la vez sentimos la alegría del Señor Resucitado, porque tenemos esperanza y futuro. No vivimos tristes. Este tercer domingo de Pascua, el Señor nos sale al paso en la palabra de Dios con una anécdota de su vida, de su primer día de la semana, el día de la Resurreción del Señor, en el que se aparece a unos amigos que iban camino de Emaús. Nos deja enseñanzas que nos pueden ayudar para nuestra vida cristiana. Son dos discípulos, uno de ellos se llama Cleofás, que están comentando que salen de Jeresulén con la tristeza de que su maestro había muerto en la Cruz.

Ninguno de los dos han conocido aún la Resurrección. Lo primero que deja el Evangelio de este día, es que quienes no han conocido aún la Resurreción del Señor están tristes, y no hay alegría posible, no hay horizonte ni esperanza. Por eso tenemos esperanza pero no solo cuando nos va bien, sino que también cuando nos van mal.

Esta es la fuente de nuestra alegría y esperanza. Por eso los discípulos de Emaús no son conscientes de esta alegría. Se les aparece Jesús. No le reconocen visualmente, porque el cuerpo del Señor es glorioso. No le reconocen pero le aceptan en su compañía. Le cuentan a ese hombre lo que ha ocurrido en Jerusalén y les cuenta la historia. El Señor les va escuchando, y poco a poco les va iluminando y con la cercanía del Señor sienten su afecto, recuperan ese tono de una amistad que creían perdida, y se dan cuenta de que están junto al Señor.

Le dicen al Señor... quédate con nosotros esta noche. Y en la cena se les manifiesta como Jesús. Ellos le reconocen y el Señor desaparece pero sienten que han recibido una misión: volver a Jerusalén para decir que han resucitado el Señor.

Así las cosas, nos quedan tres puntos en el Evangelio de este domingo;

- Si no sabemos que el Señor ha resucitado, no hay alegría posible ni esperanza.

- Sensación de amistad cuando nos relacionamos con Jesús, también en este período de confinamiento se le puede contemplar.

- La misión, decirle a la gente que Jesús ha resucitado. Es la misión de todos los cristianos. Dios vive y te ama. Ha resucitado para ti.

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