Las sorprendentes y únicas siete palabras que dijo Jesús en la Cruz

Mientras Jesucristo colgaba de la Cruz que nos salvaría, los evangelios recogen siete frases muy importantes para los creyentes

Las sorprendentes y únicas siete palabras que dijo Jesús en la Cruz

 

Arguments

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 09:29

Las palabras que dijo Jesucristo durante su vida son hoy un mensaje en el tiempo para el mundo. Para ti y para mí, son palabras que cambian nuestra vida, viniendo por ser de Jesucristo, de Dios. Esto hace que cada una de sus palabras sea muy importante, siendo Él el que las pronuncia. Pues en uno de los momentos más importantes del Evangeliodurante su crucifixión, Jesús utilizo únicamente siete frases.

El portal web Arguments, cuenta que una de las costumbres piadosas de Viernes Santo, junto con el rezo del Via crucis, es la meditación de las Siete Palabras que el Señor pronunció en la Cruz. Normalmente se meditan en Semana Santa, en forma de un sermón, homilía, pronunciada por un sacerdote que va iluminando las distintas palabras para que los fieles las contemplen. En muchos lugares se suele hacer con las imágenes del Señor o de la Virgen Dolorosa presentes. 

El sermón de las siete palabras

En este sermón se medita sobre las 7 últimas frases que Jesús dijo en la Cruz. Estas frases se entresacan de las narraciones de la Pasión contenidas en los Evangelios. Son las siguientes:

1. “Padre: Perdónalos porque no saben lo que hacen”, (Lucas 23, 24)

Jesús, con estas palabras, no pide el perdón para sí, pues no le hacía falta, sino para los que le habían hecho eso. Murió amando hasta el final, perdonando. El amor gana así al odio. En la Cruz volvió a dar una gran lección, pues la verdadera prueba del cristianismo no es amar a los amigos, sino a los enemigos, a los que nos desean y hacen el mal y no nos quieren. Perdonar ayuda a quitar el odio, perdonar vence al odio. El odio queda derrotado a fuerza de bien, de perdón.  

Puedes leer el artículo original pinchando aquí.

2. “Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso”, (Lucas 23,43)

Estas palabras nos enseñan la actitud que debemos tomar ante el dolor y el sufrimiento. El buen ladrón al ver a Jesús en la cruz comprende el valor del sufrimiento. El sufrimiento puede hacer un bien a otros y a nuestra alma. Nos acerca a Dios si le damos sentido.

3. “Mujer, ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre”, (Juan 19, 26-27)

La Virgen, al pie de la Cruz, sufriendo por ver a su Hijo así, es proclamada Madre de todos los hombres. El amor, y más el de una madre, busca aligerar al que sufre y tomar sus dolores. El Hijo y la Madre nos aman con un amor sin límites. María es, desde ese momento, madre de todos nosotros y nos quiere como quiso a su Hijo. Nunca nos abandona.

4. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, (Marcos 15, 34)

Estas palabras nos hacen pensar en el pecado de los hombres. El pecado es la muerte del alma. El pecado es el abandono de Dios por parte del hombre. El hombre rechazó a Dios y Jesús experimentó esto.

5. “¡Tengo sed!”, (Juan 19, 28)

La sed es un signo de vida. Tiene sed de dar vida y por eso muere.
Él tenía sed por las almas de los hombres. Jesús trató de reunir a los hombres todos los días de su vida, pero una parte de ellos lo rechazó. Que despreciaran su amor, el amor de Dios le dolió en lo más profundo de su ser. La sed de todo hombre es la sed del amor.

6. “Todo está consumado”, (Juan 19, 30)

Todo tiene sentido: Jesús por amor nos da su vida. Jesús cumplió con la voluntad de su Padre. Su misión terminaría con su muerte, pero su sacrificio sería aceptado por el Padre. Resucitará. La obra de nuestra redención está completada, pero tenemos que colaborar con ella, tenemos que obrar para merecer esa redención. No hemos salvado todavía nuestras almas, pues somos libres. Todo lo que hagamos debe estar dirigido a este fin. 

7. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, (Lucas 23, 46)

Jesús abandonado en las manos de Dios, con la confianza del Hijo. Estas palabras nos hacen pensar que debemos de cuidar nuestra alma, no sólo nuestro cuerpo. Jesús entregó su cuerpo, pero no su alma. Devolvió su espíritu a su Padre no con grito de rebelión sino con un grito triunfante. Jesús nunca perdió de vista su meta a seguir. Sacrificó todo para alcanzarla. Lo más importante en la vida es la salvación de nuestras almas. De nada nos sirve ganar el mundo si perdemos nuestra alma.

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