¿Qué significado tiene para la Iglesia el episodio del lavatorio de los pies?

La pandemia de la covid-19 nos ha quitado también este testimonio de la gran misión que tiene la Iglesia, servir a los más necesitados

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El episodio del lavatorio de los pies tiene lugar durante la Última Cena y aparece narrado en el Evangelio de San Juan. Durante la Última Cena, Jesús se levantó de la mesa, se quitó los vestidos, se ciñó una toalla y echó agua en un lebrillo. Entonces se puso a lavar los pies de sus apóstoles.

Jesús nos ofrece con este acto un testimonio de la vocación que tiene la Iglesia y nosotros, los fieles, al servicio del mundo y de los más necesitados. Al igual que el año pasado, por culpa de la pandemia de la covid-19 que ha trastocado los planes del mundo entero, durante las Celebraciones Eucarísticas no se podrá hacer este gesto donde normalmente los sacerdotes lavan los pies a doce niños o ancianos de la comunidad parroquial.

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La gran misión de la Iglesia

Jesús quiere realizar con esta acción un ejemplo de servicio y de humildad, y ordena a los lavados que hicieran lo mismo que él había hecho con ellos.

El único de los doce apóstoles que cuestionó esta acción de Jesús fue Pedro, quien le llegó a decir: "No me lavarás los pies jamás", pues entendía esto como una humillación de su Señor hacia él, su discípulo. Jesús le respondió: "Si no te lavo no tienes parte conmigo". A lo que Pedro replicó: "Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza".

A través de este gesto queda muy claro la misión de la Iglesia en el mundo: servir. «Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros» (Jn 13, 15) La Iglesia siguiendo el ejemplo de Cristo está al servicio de la humanidad. Por tanto, todos aquellos que formamos la Iglesia estamos llamados a servir a los que nos rodean.

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¿Qué nos dice la Sagrada Escritura?

"Estaban cenando; ya el diablo había suscitado en el corazón de Judas, hijo de Simón Iscariote, la intención de entregarlo; y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.» Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.» Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.» Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis

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