Los Museos Vaticanos invitan en la octava de Navidad a “descubrir con el arte la verdad de la Buena Nueva”
Cada día de la octava de Navidad, los Museos Vaticanos presentan una obra maestra de las colecciones pontificias acompañada de las palabras de los Papas

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“Representar el evento del nacimiento de Jesús equivale a anunciar con sencillez y alegría el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios”. Estas palabras del Papa Francisco resumen en pocas palabras la tarea del arte sacro, llamado a revelar la verdad de la Buena Nueva a través de la belleza. Cada día de la octava de Navidad, los Museos Vaticanos presentan una obra maestra de las colecciones pontificias acompañada de las palabras de los Papas.
Adoración de los pastores
Desde este 25 de diciembre se lleva a cabo esta iniciativa, y se presentó
, obra del taller de Pieter van Aelst. Las palabras rescatadas para ilustrar este momento son las de Pio XII en su discurso al sacro colegio cardenalicio y aa la prematura romana el 24 de diciembre de 1940:
“"Nosotros ponemos en las pequeñas, todopoderosas y misericordiosas manos del Redentor recién nacido, con ilimitada e inquebrantable confianza, nuestros deseos, nuestras esperanzas y nuestras oraciones; y le imploramos con vosotros, con todos los sacerdotes, con todos los fieles de la Santa Iglesia, con todos los que en Cristo reconocen al Señor y Salvador, que libre a la humanidad de la discordia a la que la ha arrastrado la guerra: Oh Raíz de Jesé, que te mantienes firme como símbolo de los pueblos, ante quien los reyes cerrarán la boca, tú, a quien suplicarán las naciones, ven y líbranos: no te demores más””.
Sagrada Familia
La imagen correspondiente a este lunes es la de la
, obra de Peter Candid, conocido como Pieter De Witte. Las palabras escogidas para este cuadro son las de Benedicto XV durante el discurso realizado al sagrado colegio cardenalicio el pasado 24 de diciembre de 1915:
“Cuando el hombre ha endurecido su corazón y el odio ha invadido la tierra; cuando el hierro y el fuego hacen estragos y en el mundo resuenan las armas y el llanto; cuando los esfuerzos humanos se han revelado falaces y todo el bienestar civilizado se ha extinguido, la fe y la historia nos señalan al Todopoderoso suplicante, a la Mediadora de todas las gracias, María, como nuestro único refugio... y así, con serena confianza, decimos: «Regina pacis, ¡ora pro nobis!»”.





