Diálogo de besugos, pero diálogo

El obispo de Bangassou (República Centroafricana), Mons. Juan José Aguirre, ha relatado la difícil situación que se vive en la zona

Tiempo de lectura: 3’

Hoy domingo hemos ido por tercera vez a Niakari, al pueblo donde tienen la base los rebeldes y mercenarios que rodean Bangassou. Primero hemos celebrado la misa del domingo, con unos 200 fieles que han salido de sus madrigueras al oído de las campanas y cuando nos han visto pasar caminando varios kilómetros por su pueblo, territorio comanche o tierra abandonada.

Después de rezar con fervor y recuperar esperanzas perdidas, hemos dejado a las dos monjas que nos acompañaban haciendo consultas médicas. Yo me he puesto en marcha para reunirme por tercera vez con el “general” rebelde que ahoga Bangassou desde el 3 de enero. Me acompaña el abbé Héritier, el cura que tiene los archivos de la diócesis y es responsable diocesano de los jóvenes y director de la radio local. Alguien me susurraba ayer que ir hoy era como jugar con fuego. Anteayer degollaron a cinco jóvenes a 18 kms de Bangassou, tan solo para robarles las motos.

El “general” se llama Jusuph, mercenario con turbante y atuendo militar, con tres cicatrices en cada mejilla, distintivo de su etnia Sara en el sur del Chad. Mujjaidim (combatiente islámico) de una causa que, creo yo, ya tienen perdida en Centroáfrica. Me dijo el otro día cuando fuimos a verlo con el Cardenal que si tenía algo que decirle, que no me callara. Hoy hemos ido para decirle a la cara que sus tropas han cercenado 5 cabezas en el puente Mbari anteayer y eso es un crimen. Le he preguntado después si él controlaba sus tropas, porque los criminales son de la etnia Peulhs, y con estos actos se están ganando la enemistad de toda la población de Bangassou y de otras ciudades. No respondió a mi pregunta, señal que conocía el hecho.

Luego, para romper el hielo, hablamos de la escuela, de los niños durmiendo en la selva y de que sin la escuela el país tendrá cada vez menos gente formada y más depredadores. Sus guardaespaldas se movían inquietos haciendo tintinear la ristra de las balas de sus ametralladoras. Entonces insinué que si quieren tener comida, tiene que dejar que la gente vuelva y que los niños vuelvan a las escuelas y los profesores también y que deben esconder las armas, pues, armados, nadie tiene valor de salir de la selva de vuelta a sus barrios. El ha disimulado y ha sonreído. Luego me ha dicho que la música que sonaba en la radio es justamente la canción de entrada de un rito católico en su lejano Chad. Así echaba balones fuera y ahí lo hemos dejado.

El diálogo se hace en sordina, dejando muchas pausas y haciendo las mejores reflexiones, luego, en solitario, rumiando lo que el otro ha dicho. Al final nos dijo que quieren dejar de ocupar la misión católica en Niakari para que se instale el catequista o quién nosotros queramos… Le hemos saludado y hemos dicho que volveremos el miércoles de ceniza, dia que comienza nuestro Ramadán, dicho así que para que lo entendieran todos…

Al volver a la Iglesia, las hermanas tenían una fila interminable de enfermos supuestos o reales y allí hemos estado tres horas. Luego hemos pasado tres controles de mercenarios armados y todos han necesitado ayuda médica: granos en las piernas, antibióticos, una caída de una moto cuando volvían de un atraco, una mejilla entumecida en una pelea de borrachos… Para la hermana Elisabeth, vietnamita, no hay griegos ni judíos, como decía la lectura de esta mañana, ni hombres ni mujeres, ni mujjaidines o campesinos: solo enfermos.

De vuelta a casa nos ha casi pillado una tromba de agua que ha descabezado muchas casas en el barrio. Pero estas cabezas se pueden reparar. Otras, ya no se puede hacer nada. Volveremos a intentarlo

Religión