Un vecino se encuentra un billete de 20 euros y las 'inconfesables' consecuencias no las olvidará nunca

Los hechos han ocurrido hace unos días en la provincia de Burgos

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La tarde caía en este municipio de la provincia de Burgos, en una de las comarcas fronterizas con Álava, Las Merindades, lo cual no es moco de pavo en pleno mes de diciembre en uno de los territorios con el termómetro más bajos del país.

Un vecino del barrio se disponía a regresar a su casa procedente del trabajo cuando, de repente, se topó en el camino con un billete de veinte euros en el suelo. Una cantidad que, a juzgar por la actitud que adoptó este vecino, no debía ser significante, ya que optó por guardárselo en el bolsillo al comprobar que no había nadie alrededor que lo reclamase.

Tras llegar a su residencia, a escasos metros del lugar donde se encontró el billete, sintió a su pareja mantener una conversación telefónica. A priori no le dio ninguna importancia. Sin embargo, al colgar el teléfono, su esposa le contó que acababa de hablar con una vecina del barrio, para preguntarle si por un casual había hallado el billete, ya que era buena amiga de su dueña.

Y es que al tratarse de una localidad de pequeñas dimensiones, donde todos los vecinos se conocen, es fácil hacer correr la voz para solicitar ayuda. En cualquier caso, su marido respondió que no había visto ningún billete cuando su pareja le preguntó.

En este punto, muchos pensarán... ¿Y es necesario movilizar a todo un pueblo por un billete de veinte euros? Sí, teniendo en cuenta que quien perdió el dinero está en situación de desempleo, viuda, sin derecho a pensión y con tres bocas que alimentar. La familia apenas sobrevive con el dinero que esta madre coraje gana limpiando algunas casas. Con los veinte euros que perdió, iba a comprar las medicinas que necesitaban sus hijos aquejados de un buen constipado, tan propio en esta época.

El vecino que se había apropiado del billete, en un primer momento se desentendió de aquel drama. De hecho, nunca confesó ser él quien se lo quedó. Pero todo cambió unos días más tarde, cuando al llegar a casa, se encontró a su mujer, a una amiga y a la señora que perdió el dinero en la sala de estar.

Ella relató en su presencia las dificultades por las que estaba pasando para sacar adelante a sus retoños. Conseguir cada euro es para ella una proeza. Su historia conmovió a este hombre, que apenas podía mantener la mirada ante ella por su sentimiento de culpa. Cambió radicalmente de parecer, y tenía claro que de alguna manera debía devolverle el dinero que le correspondía.

Sabedor de que su actitud era reprochable, no podía comentar lo que había hecho a nadie, únicamente a su pequeño círculo de amistades, que le recomendaron recurrir al párroco de la localidad. El vecino les hizo caso, y le confesó al párroco la verdad (no lo hizo en un confesionario) para posteriormente entregarle los veinte euros y que fuera él quien le devolviese el billete a su legítima dueña.

El párroco valoró el arrepentimiento del vecino y aceptó dar la cara por él ante la pobre mujer aunque, como no puede ser de otra manera, le afeó su mala acción.

A cambio, le instó a invertir otros veinte euros en comida para ayudar a esta familia que pasa por importantes estrecheces. Así lo hizo, siendo el párroco quien también entregó a esta madre los alimentos, además del dinero.

Obviamente, ella quería saber quien le había devuelto el dinero, aunque quien nos ha relatado esta historia nos cuenta que ella ya lo intuía. No obstante, y como suele suceder en estos casos, el párroco contestó eso de... "se dice el pecado pero no el pecador".

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