El movimiento Encuentro Matrimonial tendrá un papel destacado en el Congreso de Laicos 2020

La organización católica nació hace medio siglo como respuesta a la llamada a construir la iglesia como Pueblo de Dios

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1. Describe el carisma de Encuentro Matrimonial

Encuentro Matrimonial (EM) es un movimiento católico, gestionado por matrimonios, con más de 50 años de experiencia en el mundo. Nace poco después del Concilio Vaticano II como respuesta a la llamada a construir la iglesia como Pueblo de Dios, donde los laicos tienen que jugar su papel.
Nuestra visión es: “Amaos como yo os he amado”

Nuestra misión: “Proclamar el valor del matrimonio y del sacerdocio en la Iglesia y en el mundo”.

Nuestro carisma es: “Fe a través de la relación”

Nuestro motor es la firme creencia de que es posible un amor para toda la vida. El matrimonio, por tanto, es el núcleo donde se enfoca la pastoral de EM.

EM ofrece unas charlas en un “Fin de Semana” especial, en el que se tratan de vivir los cuatros aspectos de su carisma: ser acogidos como son y ser amados, ser invitados a volver a tomar contacto con el sueño profundo que tuvieron para una relación estable y madura, experimentar una conversión hacia uno mismo, hacia el otro para poder descubrir al “Otro”, Dios. Vivir una experiencia de acompañamiento en una comunidad que acoge, acompaña y reta.

Es una experiencia que contribuye a que la pareja se afiance en su amor y profundice en su relación, desde el conocimiento de uno mismo y mediante una sencilla técnica de comunicación que permite abordar cualquier área de nuestra vida. Es igualmente impactante para los consagrados, en la relación con su comunidad.

Tras el Fin de Semana, y para todos aquellos que lo deseen, se ofrece un proceso de formación y acompañamiento a parejas y consagrados, desde la experiencia de vida. Este proceso permite a los matrimonios revitalizar y cuidar su relación, a los sacerdotes y consagrados/as conectar mejor con su gente, y a todos ellos vivir una experiencia de comunión con Dios y sus hermanos.

2. ¿Cómo surge? ¿Cuál es su historia? ¿Quién o quienes lo fundaron?

La historia de Encuentro Matrimonial Mundial comenzó en 1952 en España cuando un joven sacerdote diocesano, el Padre Gabriel Calvo, junto con un matrimonio, comenzó a desarrollar una serie de conferencias para parejas casadas, como un instrumento para facilitar y profundizar el diálogo entre los cónyuges y aprender a vivir una relación sacramental al servicio de los demás.
Durante aproximadamente 10 años los equipos de matrimonios “del Papa Pío XII”, (como fueron llamados) viajaron por toda España ofreciendo esta serie de conferencias para parejas casadas.

En 1962, el Padre Calvo presentó en Barcelona las conferencias como un retiro de fin de semana. La experiencia tuvo mucho éxito y se extendió rápidamente por toda España. En 1966 los obispos españoles pidieron que todos los movimientos familiares se agrupasen en uno solo, el Movimiento Familiar Cristiano, del que fue nombrado consiliario el Padre Calvo, y los retiros del fin de semana pasaron a ser un servicio de este movimiento. En 1967, el padre Calvo y algunos matrimonios viajaron a Nueva York a un congreso del Movimiento Familiar Cristiano. Allí coincidieron con Chuck Gallagher, un sacerdote jesuita que ejercía de profesor en una escuela.

El padre Gallagher pensaba que la escuela no podía hacer nada en la educación de los jóvenes sin la implicación de sus padres y de hecho constataba que la seguridad de un niño dependía en gran parte del amor que sus padres se tenían, es decir de la calidad de su relación de pareja. En la experiencia del Padre Calvo encontró una respuesta a sus preocupaciones.

Chuck Gallagher combinó la experiencia de vida de los retiros del Padre Calvo con los ejercicios espirituales de San Ignacio y elaboró un primer bosquejo de las presentaciones del Fin de Semana, al que consideró como un curso acelerado de comunicación.

Pronto esos fines de semana se fueron extendiendo por los Estados Unidos y en 1972 comenzó su expansión internacional, pasando a denominarse Encuentro Matrimonial Mundial. En enero de 1972 el sacerdote belga Guido Heyrbaut estaba en misión en los EEUU y participó en el Fin de Semana. Unos meses después estaba dando el primer Fin de Semana de Europa en Bélgica, y de ahí comenzó la expansión por todo el continente. En España se presenta el primer Fin de Semana en Barcelona en febrero de 1976. De ahí se extiende rápidamente a Madrid, Valencia y Zaragoza, y luego al resto del país.

3. ¿Qué aporta tu movimiento a la acción misionera de la Iglesia?

EM es un movimiento de frontera, Nos movemos dentro y fuera de la Iglesia, desde el máximo respeto a las creencias de todos los que acuden a nuestros Fines de Semana o a los procesos posteriores de acompañamiento. Los temas de reflexión y formación siempre van encaminados al conocimiento de uno mismo y del otro, con teoría enraizada en el evangelio pero adaptada a la situación personal de cada uno.

Nuestro carisma está abierto a las realidades de la sociedad actual: matrimonios canónicos, matrimonios civiles, parejas estables, parejas de otras religiones o que no viven la fe, novios que se preparan para el matrimonio. Nuestra misión es ayudarles a todos ellos a descubrir el tesoro de su relación y la belleza del matrimonio.

Desde nuestro carisma podemos llegar y acoger a parejas que, de otro modo, no podrían palpar la realidad de la Iglesia, y sentirse acompañados y retados en su camino de relación. En todos los casos Encuentro Matrimonial es fiel a la enseñanza de la iglesia católica, para la que el matrimonio es la alianza que existe entre un hombre y una mujer.

Para la mayoría de los que han vivido la experiencia del Fin de Semana y los otros programas, la mirada hacia la Iglesia y hacia el sacerdote cambia. Hasta tal punto de que la implicación de su vida en la Iglesia y en el sacerdocio es otra. Percibir, comprender, asimilar que su matrimonio, si es cristiano, es sacramento de la Iglesia, signo del amor de Cristo por la Iglesia, es algo que toca y compromete. Igualmente para los no cristianos o “alejados”, aceptar y ver que su relación de esposos, se hace signo, señal o reto para los hijos es algo que también compromete. Se hace más comprensible el lenguaje y la propuesta cristiana. Como cuando hablamos de que la familia es una “Iglesia doméstica” o “Iglesia en miniatura”, es un concepto que se presenta como una luz nueva, que hace a los participantes más atractiva la imagen que tenían de la Iglesia y más comprometida su relación de pareja.

4. ¿Cómo os estáis preparando para el próximo Congreso de Laicos de 2020? ¿Qué estáis haciendo?

EM está participando en las jornadas de preparación al Congreso que se están llevando a cabo en diferentes diócesis, aportando testimonios sobre nuestro itinerario formativo.

También hay un grupo de trabajo reflexionando específicamente sobre las líneas temáticas del Congreso que encajan en el ámbito de acción de EM, con objeto de concretar experiencias y propuestas que puedan ser relevantes para los objetivos del Congreso. Sin olvidarnos de todos aquellos miembros de EM trabajando como parte de la pastoral familiar en sus respectivas diócesis.

Por otro lado, desde EM se está llevando a cabo un proceso de discernimiento para estudiar qué necesita la sociedad y la Iglesia de hoy en día, qué retos tenemos por delante y en qué medida EM debe avanzar en un espíritu de renovación y adaptación a la realidad social que se vive en todo el mundo.

5. ¿Qué esperas del Congreso de Laicos 2020? 

Que no sea un acontecimiento sin más, sino una etapa de un camino que ya se inició con el Concilio Vaticano II, y que apuesta por una Iglesia por y para la sociedad. Una Iglesia donde todos, laicos y consagrados podemos acompañarnos y vivir una experiencia de comunión y sino dalidad, cada uno desde su carisma.

Que surjan nuevas iniciativas de acompañamiento a los alejados o a los que no han tenido oportunidad de acercarse a la fe.

Que los laicos nos sintamos llamados a participar más activamente en la pastoral, sintiendo la responsabilidad personal de hacer una Iglesia más viva entre todos, desde una conciencia clara de que no podemos quedarnos encerrados en nuestra comodidad, o círculo de confort, aún a riesgo de resultar heridos.

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