Un vecino sufre un grave accidente de tráfico y este 'misterioso' descubrimiento le ha marcado de por vida

Los hechos tuvieron lugar en la provincia de Toledo

Un vecino sufre un grave accidente de tráfico y este misterioso descubrimiento le ha marcado de por vida

 

Redacción Religión

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:07

Ángel tiene ahora 47 años. Reside en un barrio obrero de Toledo junto a su pareja y su hija. Cada día da gracias a Dios por seguir entre nosotros. No es para menos, teniendo en cuenta que durante su adolescencia vivió una experiencia de gran impacto que le marcó para siempre. Una experiencia que, por cierto, siempre ha sido reacio a contar a los demás, tal y como ha revelado a COPE.es y al final de la historia les contaremos.

Todo sucedió una tarde en la que Ángel paseaba en bicicleta por las calles de la localidad en la que se crió junto a sus tres hermanos mayores. Luego, optó por salir a la carretera hacia el pueblo de al lado y que, hace tres décadas se encontraban, como pueden imaginar, en peores condiciones que en la actualidad.

En un momento dado, apareció un vehículo que arrolló literalmente a nuestro protagonista. El impacto le mantuvo casi un mes en coma. La profundidad de algunas de las heridas hizo que su situación fuera grave, hasta el punto de que su vida corría peligro. Del arrollador no pregunten, ya que se dio a la fuga y nunca más se supo.

De todos aquellos momentos, Ángel tan solo mantiene un recuerdo: una luz blanca que instaba al por aquel entonces chaval de quince años a acercarse a ella. Tantos años después, Ángel interpreta que Dios le quería ya con él pero, finalmente, según relata, reaccionó y decidió no ir a la luz. A partir de ahí, no guarda ningún recuerdo, ya que lo siguiente que evoca es cuando despertó en el hospital. Como decimos, había pasado aproximadamente un mes desde que fue ingresado.

Su recuperación fue lenta, pero por fortuna no le quedó ninguna secuela física ni psíquica. Lo único que lamenta es que tras el accidente, que tuvo lugar en pleno año académico, le hiciera perder el curso, que aprovechó para comenzar a trabajar. Desde entonces optó por dejar definitivamente los estudios para continuar en el tajo.

Más de treinta años después, Ángel interpreta que detrás de aquella luz que le animaba a seguir estaba la presencia de Dios, que le invitaba a unirse a él. Desde entonces se define como un fiel creyente, aunque reconoce que se alegra de no haber acudido a su llamada.

Gracias a eso, admite, ha alcanzado la felicidad en la tierra, pudo casarse o tener a su pequeña que recientemente ha cumplido doce años, y que es la niña de sus ojos. En su opinión, ha sido Dios quien le ha concedido esta felicidad como recompensa a una experiencia sumamente dura.

Como hemos relatado al comienzo, son pocas las personas del entorno de Ángel quienes conocen su historia. Según ha explicado a COPE.es, siente miedo a que al narrarla, le tachen de loco o comiencen a burlarse de él: “Lo sabe mi familia, algún amigo íntimo y para de contar”, detalla. De ahí que nos haya pedido que empleemos un nombre falso (Ángel).

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