12 pueblos a cargo: Así es la vida de un sacerdote rural en Aragón

Es la historia de Nacho, un sacerdote con 12 parroquias a cargo que cuenta el proyecto 'Trabajamos por Aragón'

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Tiempo de lectura: 2'Actualizado 14:46

Nacho Hernández comienza la misa del domingo en Albarracín con una veintena de fieles. Hace frío y nadie se quita el abrigo. Las bajas temperaturas son un factor más a tener en cuenta cuando eres un cura rural. Tiene a su cargo 12 pueblos: en tres no vive nadie y en el resto la media es de 30 personas. Albarracín es el más grande, con 1.000 habitantes. También es donde vive, donde pasea por las calles, saluda a los vecinos o se toma una cerveza. En 22 años que lleva como cura rural es testigo directo de eso que se llama la España vacía.

En esta zona del país, los más mayores se van muriendo y son enterrados en pueblos en los que ya no viven porque se han tenido que trasladar con los hijos o viven en residencias. En el momento de su entierro, el pueblo se vuelve a llenar de antiguos vecinos, conocidos y familiares que ese día llenan la iglesia que durante meses ha estado vacía. Nacho reconoce que es difícil trabajar y mantener a una familia dedicándote a la agricultura y la ganadería. Su tarea incluye conocer cómo está cada uno de sus feligreses, preguntar qué tal han pasado la semana, conocer las dolencias de cada uno y hacerlo directamente en su casa, con un café y una conversación entre vecinos.

Este cura rural se resiste a formar parte de esa lista de servicios que han ido desapareciendo de los pequeños pueblos: el médico, el maestro… “Cerrar una iglesia es muy duro y nosotros todavía mantenemos viva la llama acudiendo donde nos llaman”. Si en uno de estos pueblos varios amigos o familiares deciden volver un fin de semana y quieren celebrar misa en la iglesia, solo tienen que mandarle un Whastapp.

Reconoce que en las zonas rurales cunde el pesimismo, pero espera que la situación se acabe dando la vuelta. “Tenemos que inventar o reinventar las cosas para que podamos tener comunidades vivas. A lo mejor unificar ayuntamientos y parroquias. Será otro estilo de vida, de hacer comunidad”. Su tarea no se entendería sin su furgoneta, en la que se traslada de pueblo a pueblo, recoge ropa para Cáritas o lleva a algún vecino que lo necesite. En solo tres meses su vehículo tiene 10.000 kilómetros. Y lo que le queda.

La historia de Nacho forma parte del Proyecto “Trabajamos por Aragón”, que muestra el servicio que presta la Iglesia a la sociedad aragonesa a través de seis de sus miembros.

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